Tabla (Zakir Hussain) 1

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La nueva estrella de la Web: es un queso Cheddar

No tiene nada que hacer? Vea minuto a minuto como envejece un queso cheddar durante un año aqui: cheddarvision TV

Una webcam que sigue el envejecimiento de un queso Cheddar ya ha pasado un millon de visitas en cuatro meses!

Un grupo de granjeros ingleses para asegurar la promoción de su cheddar ha instalado una webcam que sigue en directo el envejecimiento del queso y los internautas fascinados controlan a cada rato si el queso sigue estando allí.

 La noticia la obtuve en Bureau audiovisuel

Esta es la historia del queso desde su nacimiento 0 meses hasta los tres meses de edad:

El amor

 

Cántico del Amor.El hombre en quien este canto ha despertado
no ya un pensamiento, no ya una emoción,
sino un recuerdo, y un recuerdo muy antiguo,
buscará de ahora en adelante, el amor con el amor.
Porque amar es esto, porque amor es esto:
cuando con amor se busca amor.

Lubicz Milosz

Budismo sin creencias.Una guía contemporánea al despertar.por Stephen Batchelor

 

Llegar a ser

 La confusión condiciona la actividad, la que condiciona la consciencia, la que condiciona la personalidad encarnada, la que condiciona la experiencia sensorial, la que condiciona el impacto, el que condiciona el estado de ánimo, el que condiciona el anhelo, el que condiciona el aferrarse, el que condiciona el llegar a ser, el que condiciona el nacimiento, el que condiciona el envejecer y la muerte.—El Buda { La confusión … 

E

Estoy confundido. Estoy confundido por la irracionalidad absoluta, ambigüedad y abundancia de las cosas que se hacen realidad. Estoy confundido por haber nacido en un mundo del que la muerte me va a arrebatar. Estoy confundido sobre quién soy y por qué. Estoy confundido por el laberinto de opciones que enfrento. No sé que hacer.La confusión no es un estado de oscuridad en el que no puedo ver nada. Es más como ceguera parcial que como falta de visión total. Al no ver bien, malinterpreto las cosas: como entrar a un tinglado de alfarería y descubrir una serpiente en una esquina. Mi corazón se acelera y estoy congelado de miedo. Sólo cuando mis ojos se habitúan a la oscuridad me doy cuenta que es sólo un rollo de manguera.¿Podrá una confusión similar colorear mi experiencia vital como un todo: una confusión que no sólo me ciega sobre lo que pasa sino que, al mismo tiempo, construye angustiosamente un mundo ficticio que parece muy real? Tengo la extraña sensación de habitar una realidad en la que no encajo. Sospecho que me la paso enredándome con las cosas, no porque no logro verlas, sino porque me imagino estar configurado como otra persona. Me imagino como una estaca redonda tratando de entrar en un agujero redondo, sin darme cuenta de que he llegado a ser una estaca cuadrada. { La confusión condiciona la actividad, la que condiciona la consciencia, la que condiciona la personalidad encarnada … La primera vez que tratas de hacer una vasija en un torno de alfarería, la arcilla no responde a los dedos. Terminas con un revoltijo húmedo y lodoso. Sin embargo, con la práctica te vuelves experto en manejar a la arcilla en relación a la rotación del torno y puedes crear cosas funcionales y bellas. Del mismo modo, yo he llegado a ser experto en configurarme a partir de la arcilla en rotación de mi existencia, creando una personalidad, un hogar, amistades, hijos, ideas.Si sólo esta empresa no estuviera desfigurada por la confusión y la intranquilidad. Crecen la frustración y amargura en vez de la compasión y el entendimiento. Me enojo en silencio con un mundo que no me entiende. Quiero que me dejen en paz, me quieran y acepten, pero por alguna razón la gente o me ignora o me descarta. El sentir lástima de mi mismo sólo empeora las cosas, pero no lo puedo evitar.De manera que emprendo la tarea absurda de ordenar el mundo a mi gusto. Trato de crear una situación perfecta, una en la que tengo todo lo que quiero y nada de lo que me disgusta. Sueño con una vida a la que se le han quitado todas las imperfecciones. Al hacer esto me siento incómodo con la sola presencia de las cosas.Me enfrento a la terquedad de la materia, la volubilidad del humor, la ambigüedad de la percepción, la intencionalidad del pensamiento y el hábito. Para poder controlar todo esto, divido al mundo en dos partes: la que es mía y la que no lo es. Mi cuerpo se yergue en oposición no sólo al tuyo, sino también al resto de la materia. Mis sentimientos son los únicos que cuentan. Mi versión de los hechos es la correcta. El imperativo de mis anhelos está por encima de los de los demás.A la materia, humor, percepción e impulso no los veo como son, sino como momentos únicos y caóticos, configurados en formas sin precedente e irrepetibles. Esta especificidad compleja se vuelve presente porque le pongo un nombre a lo que experimento. ¿Alguna vez veo un arreglo peligroso de formas y colores? No. Hay una serpiente en el tinglado de alfarería.Donde es más evidente esto es en la personalidad encarnada. Y todo se resume en un nombre. Ya sea que alguien me llame por mi nombre, o lo vea en un sobre, me captura en forma tan vívida como mi imagen en un espejo o en una fotografía. “Sí, ése soy yo”, pienso. Del mismo modo que podría mirar al otro lado de la calle y decir: “Oh, ése es S”.Cuando la división entre mí mismo y el resto del mundo está guiada por la confusión y la intranquilidad, esta frontera se vuelve más marcada y rígida. Mi peculiaridad se congela en una soledad absoluta. Me siento abandonado, prisionero dentro de mi propio cuerpo.Necesito parar otra vez. Puedo empezar a descongelar este aislamiento, enfocándome en la complejidad de lo que soy. Quizás pueda destrabar el espasmo del egoísmo al darme cuenta de que no soy una esencia fija sino un conglomerado interactivo de procesos. { Siéntate en silencio y regresa a la respiración. Centra tu atención en el ritmo de sensaciones que constituyen el acto de respirar. Deja que se tranquilice la mente agitada, luego expande tu atención incluyendo el resto de tu cuerpo. Con una percepción calma, poco a poco aumenta el campo de atención hasta abarcar la totalidad de tu experiencia en ese momento: lo que oyes, ves, hueles, saboreas, tocas, así como los pensamientos y emociones que surgen en tu mente y luego desaparecen.Nota como tus sentidos son inundados por una corriente incesante de colores, formas, sonidos, olores, sabores, texturas e ideas. El mundo cambiante vuela hacia este instrumento sensible desde todas las direcciones. En cuanto hace contacto, resuena dentro tuyo con un tono inefable y particular. La experiencia del mundo está coloreada con un rango de sentimientos y humores que no podemos evitar. Cada experiencia es registrada en algún punto del espectro entre el éxtasis y la agonía. Pon atención a esta cualidad tonal, observando como penetra el cuerpo y la mente—pero que es muy difícil de atrapar.También nota cómo, a pesar de su complejidad, el mundo se nos presenta siempre en una forma que tiene sentido. Al escuchar el canto de un pájaro desconocido, le das sentido diciéndote: “No conozco a ése”. Si un ciego de nacimiento pudiera de pronto llegar a ver, no abriría los ojos para contemplar el mundo de los que ven. Él miraría un arreglo desconcertante de formas y colores, que luego aprendería a darles sentido. El mundo está tan saturado con los significados que le damos, que parece que esos significados radicaran en las cosas mismas. Normalmente suponemos que el mundo que se presenta a los sentidos existe allí afuera tal como lo percibimos. Realmente parece, por ejemplo, que esas manchas negras sobre un fondo blanco están diciendo algo sobre la naturaleza de la percepción. A medida que escuchas los sonidos y observas las sensaciones de tu cuerpo, considera cómo lo que experimentas está configurado por tu propia condición, hábitos y puntos de vista.También nota como el mundo es un escenario de posibilidades. Cuando estás sentado, te enfrentas a las posibilidades de pararte, caminar o acostarte. Cuando estás en silencio, te enfrentas a la posibilidad de hablar. En cada momento estamos considerando o efectuando una acción: un movimiento, una palabra, un pensamiento. Aún al decidir no actuar, estás haciendo algo: absteniéndote. Nota cómo la mente calmada está de todos modos tensa, lista para entrar en acción.El simple hecho de la vida está abierto a posibilidades, te permite tener un sentido de propósito y dirección. Las intenciones que surgen en la intimidad de tu pensamiento pueden luego ser llevadas a cabo. Cuando estás sentado meditando, nota que lo que estás haciendo es llevar a cabo una resolución anterior. Al cuidar los detalles del presente, sin recordar el pasado ni planear el futuro, estás creándote de una manera específica y deliberada.Pero, ¿qué es este ego que creas? Repite tu nombre o di a ti mismo “Yo”. ¿Qué imagen o sentimiento se evoca? ¿El ego reside en el cuerpo, en la mente o en ambos? ¿O fuera de ellos? Si lo buscas, ¿qué encuentras?Si el ego se siente como algo físico, entonces explora esa sensación para ver qué es. Si se siente como un estado de ánimo, como una percepción, volición, entonces explóralas también. Cuanto más cerca observas, más descubres que cada candidato del ego se disuelve en otra cosa. En vez de un “yo” fijo como pepita, te encuentras experimentando una serie de sensaciones, humores, percepciones e intenciones, que trabajan juntas como la tripulación de un bote, dirigidas por el timonel de la atención.Pero qué fácil se regresa, de esta percepción de un proceso interactivo y fluctuante, a la imagen habitual de un ego aislado. Qué natural parece que la confusión irrumpa súbitamente y que regrese el trabajo pesado de una existencia angustiosa. { … la personalidad encarnada condiciona la experiencia sensorial, la que condiciona el impacto, el que condiciona el estado de ánimo … Estoy perdido en las preocupaciones, miedos, deseos, recuerdos y planes. Ya sea que esté caminando, parado, sentado o acostado. Estoy atrapado en la prisión de mis obsesiones internas. Miro hacia el mundo exterior como si fuera un territorio extraño.La rapidez con que el mundo impacta mis sentidos, junto con mi hábito de tratar cada cosa como enemigo o aliado, me lleva la confusión sobre el origen de mi humor. Si no me gusta una pieza musical, tiendo a culpar a las notas irritantes por mi incomodidad (aunque alguien al lado mío pueda estar gozándolas). Cuando no hay una razón obvia para que esté triste, busco a alguien o algo para culparlo y generalmente lo logro (insomnio, S, zapatos nuevos). Lo mismo ocurre con el placer—aunque sé muy bien que un beso prolongado más allá de un cierto punto se convierte en babeo y tortícolis.El impacto y el humor disparan mis patrones habituales de percepción y reacción. Del mismo modo que el agua de lluvia corre por las canaletas y desagües diseñados para atraparla, mi interacción con el mundo tiende a seguir el camino más familiar y de menor resistencia. Cuando veo la serpiente en el tinglado, todo lo que he logrado saber y temer sobre serpientes configura mi sentido del mundo en ese momento. Mientras estoy parado, paralizado por el terror, pasan rápidamente por mi mente las acciones posibles: ¿corro a la puerta? ¿salgo en punta de pies? ¿la asusto? ¿la mato?Sin embargo, estos sentimientos, percepciones e impulsos aparentemente irresistibles no son la única opción. Porque en la cercanía de esa experiencia yace la libertad de ver con mayor claridad. Puedo detenerme, prestar atención a mi respiración, sentir los latidos de mi corazón y recordar de ser consciente. Entonces puedo responder con cuidado e inteligencia a la presencia de la serpiente. O darme cuenta que es tan sólo el rollo de una manguera. { … el estado de ánimo condiciona el anhelo, el que condiciona el apego, el que condiciona el llegar a ser … El humor determina mi comportamiento. Quiero obtener lo que me gusta; librarme de lo que me disgusta; ignorar lo que me es indiferente. Estoy en un estado de conflicto perpetuo, sacudido y empujado emocionalmente de un lado para otro. Sin embargo, la atracción y aversión están apuntaladas por el anhelo: la sed infantil de una utopía donde tengo todo lo que deseo y nada de lo que aborrezco. En lo más profundo insisto en que un ego permanente y aislado tiene derecho a una vida sin contingencias ni incertidumbres.E invierto mis iconos de anhelo con finalidad absoluta. Sean sexo, fama o riqueza, brillan frente mío con una atracción embriagante, sin las manchas de las ambigüedades de las experiencias vividas. No considero las consecuencias. Pañales y berrinches figuran tan poco en mis fantasías de conquistas sexuales como figuran periodistas e impuestos en mis sueños despiertos de fama y riqueza.Tal anhelo se cristaliza en la agitación giratoria de la confusión. En mi ceguera metafórica, busco desesperadamente algo a que aferrarme. Ansío algo que mitigue mi sentimiento de falta de propósito, soledad y angustia. Pero el anhelo es distorsionado y perturbado por la misma confusión que pretende quitar. Exagera lo deseable de lo que quiere y lo detestable de lo que no quiere. Hechizado por sus propias proyecciones, eleva a las aspiraciones a la categoría de asuntos de suprema importancia. Bajo el embrujo del anhelo, toda mi vida pende del conseguir o liberarme de algo. “Y si sólo …” se convierte en el mantra del deseo sin consumar.Un mundo de contingencia y cambio sólo puede ofrecer un simulacro de perfección. Cuando me conduce el anhelo, estoy convencido de que si sólo lograra este objetivo, todo andaría bien. Aunque crea la ilusión de una vida con propósito, el anhelo es en realidad la falta de dirección. Es el proceso compulsivo de llegar a ser. Me hace dar vueltas en círculos, recorriendo el mismo terreno una y otra vez. Cada vez que creo haber encontrado una situación que resuelve todos mis problemas, súbitamente resulta ser una reconfiguración de la situación de la que creía estar huyendo. Mi sentimiento de haber encontrado un respiro en la vida resulta ser solamente una repetición del pasado. Me doy cuenta que estoy corriendo en un punto, sin ir a ninguna parte. { … el llegar a ser condiciona el nacimiento, el que condiciona el envejecimiento y muerte. La vida se convierte en una sucesión de pequeños nacimientos y muertes. Al lograr lo que quiero, siento renacer. Pero tan pronto me instalo en este sentimiento, vuelven a surgir mis viejas ansiedades. La nueva posesión pronto envejece ante la atracción de algo más deseable que no tengo. Lo que parecía perfecto de pronto empieza a comprometerse por atisbos alarmantes de sus imperfecciones. En vez de resolver mis problemas, esta nueva situación los reemplaza con otros de los que no había sospechado. Sin embargo, en vez de aceptar esto como la naturaleza de la vida en un mundo poco confiable, en vez de aprender a estar contento con el éxito y el gozo y no sentirme abrumado por el fracaso y el dolor, en vez de apreciar la belleza amarga, trágica y triste de la vida, aprieto los dientes y lucho esclavizado por esa voz tenue y seductora que susurra: “Y si sólo …”