Poesía japonesa

15 mayo 2013

El ciervo en la montaña del pino,
donde no hay hojas cayendo,
conoce la llegada del otoño,
solo por el sonido,
de la voz del viento.

Onakatomi no Yoshinobu (921-991)
Poeta japonés de la era Heian.

Dedico al día de conmemoración del Holocausto, una poesía : Czeslaw Milosz, “Campo de fiori”

Campo de las Flores

En Roma, en el Campo dei Fiori

canastas de aceitunas y limones,

chorrito de vino de  la tierra

y fragmentos de las flores.

Rosati mariscos

se encuentran dispersos en los bancos,

trazos de uvas negras

en los melocotones suaves.

Aquí mismo, en esta plaza

Giordano Bruno fue quemado.

El verdugo encendió la llama

entre la multitud curiosa.

Y tan pronto extinta  la llama,

de nuevo se  llenaron las tabernas.

Cestas de aceitunas y limones

sobre las cabezas de los vendedores.

Me acordé de Campo dei Fiori

en Varsovia, en el carrusel,

una noche clara en abril,

al son de una música alegre.

Las salvas  detrás  los muros del gueto

sofocaban la  alegre melodía

y las parejas se elevaban muy alto

contra  un cielo despejado.

El viento desde las casas incendiadas

trajo negros cometas,

las personas que se dirigían a los paseos

atrapaban las  escamas en el aire.

Orgulloso entre  las faldas de las niñas

El viento venía  de las casas incendiadas,

y se echó a reír una  multitud feliz

en un hermoso domingo en Varsovia.

Habrá  aquellos que dibujaran la moral

del pueblo de Roma y Varsovia

en el comercio, la diversión, el amor

indiferente a los fuegos de los mártires.

Otros llamaran a  la moral

sobre la fugacidad de las cosas humanas,

el olvido que crece

antes de que la llama se apague.

Pero luego pensé

en la soledad de los moribundos.

Para el hecho de  que cuando Giordano

subió al andamio

no se encuentra en el lenguaje humano

incluso una expresión,

para decir adiós a la humanidad,

a la humanidad que quedaba.

Rieccoli al trago de vino,

a vender la  estrella de mar blanca,

canastas de aceitunas y limones

que llevaban el alegre bullicio.

Y él ya estaba distanciado

como si hubieran pasado  siglos

esperando  sólo

su ascenso al fuego.

Y éstos, muriendo solos,

ya olvidados por el mundo,

nuestro  lenguaje les es ajeno

como el lenguaje de un  antiguo mundo.

Hasta que todo sea  leyenda

y a continuación, después de muchos años

un nuevo Campo dei Fiori

y un poeta que evocará la revuelta .

Czeslaw Milosz. Varsovia, la Pascua de 1943.

de poemas , de C. Milosz, ed. Adelphi una traducción (precioso) de Pietro Marchesani.

Al mismo tiempo que los alemanes liquidaban el guetho de Varsovia, funcionaba un Carrusel del lado de afuera del muro. La gente libre acudía allí , se divertía y reía con la musica de la calesita mientras se escuchaban los disparos y los gritos del otro lado y se podían ver las llamas de las casas incendiadas que asomaban, por encima del muro. Este hecho es el que inspiró al poeta en su famosa poesía campo de flores .

Campo di Fiori

W Rzymie na Campo di Fiori
Kosze oliwek i cytryn,
Bruk opryskany winem
I odłamkami kwiatów.
Różowe owoce morza
Sypią na stoły przekupnie,
Naręcza ciemnych winogron
Padają na puch brzoskwini.

Tu na tym właśnie placu
Spalono Giordana Bruna,
Kat płomień stosu zażegnął
W kole ciekawej gawiedzi.
A ledwo płomień przygasnął,
Znów pełne były tawerny,
Kosze oliwek i cytryn
Nieśli przekupnie na głowach.

Wspomniałem Campo di Fiori
W Warszawie przy karuzeli,
W pogodny wieczór wiosenny,
Przy dźwiękach skocznej muzyki.
Salwy za murem getta
Głuszyła skoczna melodia
I wzlatywały pary
Wysoko w pogodne niebo.

Czasem wiatr z domów płonących
Przynosił czarne latawce,
Łapali skrawki w powietrzu
Jadący na karuzeli.
Rozwiewał suknie dziewczynom
Ten wiatr od domów płonących,
śmiały się tłumy wesołe
W czas pięknej warszawskiej niedzieli.

Morał ktoś może wyczyta,
że lud warszawski czy rzymski
Handluje, bawi się, kocha
Mijając męczeńskie stosy.
Inny ktoś morał wyczyta
O rzeczy ludzkich mijaniu,
O zapomnieniu, co rośnie,
Nim jeszcze płomień przygasnął.

Ja jednak wtedy myślałem
O samotności ginących.
O tym, że kiedy Giordano
Wstępował na rusztowanie,
Nie znalazł w ludzkim języku
Ani jednego wyrazu,
Aby nim ludzkość pożegnać,
Tę ludzkość, która zostaje.

Już biegli wychylać wino,
Sprzedawać białe rozgwiazdy,
Kosze oliwek i cytryn
Nieśli w wesołym gwarze.
I był już od nich odległy,
Jakby minęły wieki,
A oni chwilę czekali
Na jego odlot w pożarze.

I ci ginący, samotni,
Już zapomniani od świata,
Język nasz stał się im obcy
Jak język dawnej planety.
Aż wszystko będzie legendą
I wtedy po wielu latach
Na nowym Campo di Fiori
Bunt wznieci słowo poety.

Warszawa – Wielkanoc, 1943

Czesław Miłosz

Vivir

“…y trataré de exprimir algunas gotas de dulzura de mi temor y mi tristeza. Después escucharé el viento y la lluvia. Lucharé contra los latidos de mi corazón, desearé la muerte, temeré la muerte, imploraré a Dios. Hasta que pase todo, hasta que la desesperación se fatigue, hasta que consiga algo parecido al sueño y al consuelo. Así era entonces, así seguirá siendo hasta que llegue el fin. UNA Y OTRA VEZ tendré que pagar con estos días mi vida hermosa y amada. Una y otra vez volverán estos días y noches, el miedo, el hastío, la desesperación… Y AÚN ASÍ VIVIRÉ, Y AÚN ASÍ AMARÉ LA VIDA”.

Herman Hesse, “Tiempos Lluviosos”