La lista de cosas buenas

La lista de cosas buenas

marzo 29th, 2007

Tengo un conocido que un día le salen diez cosas bien y sólo una mal, y llega a su casa en estado de desánimo integral. ¿Por qué? Porque permite que esa pequeña cosa que resultó mal deja que llene casi por completo la “pantalla” de su mente. Han pasado en ese día muchas cosas positivas, pero tiene la habilidad -la desgracia- de no considerarlas. Es como si todo lo bueno quedara de inmediato arrinconado en su memoria y sólo lo negativo permanece bien grabado. Todo lo demás, pasa sin pena ni gloria, y en poco tiempo queda reducido a imágenes borrosas, grises, lejanas, como viejas fotos desvaídas.

No es raro que se deteriore una amistad, o un matrimonio, o una relación profesional, simplemente por esa insana tendencia a recordar y almacenar experiencias desagradables sufridas en la relación con esa persona, mientras que las agradables enseguida parecen perder resonancia en la memoria.

¿Cómo sucede esto? Quizá hay algo que produce un desagrado muy vivo, aunque sea una tontería. Por ejemplo, la forma que tiene de comer, o que deja desordenado lo que usa, o pierde las cosas, o habla en un tono que nos resulta desagradable. O que a lo mejor ha dejado de tener determinada deferencia con nosotros. O nos repite algo que dijimos en un momento de enfado y estamos hartos de que nos lo recuerden otra vez más. O quizá sucede al revés, y somos nosotros los que recordamos una y otra vez aquella ocasión en la que nos sentimos tan molestos y ofendidos. La lista de ejemplos podría ser interminable.

Pero lo esencial es que también podría hacerse otra lista muy larga de ejemplos positivos, de tantas cosas agradables que suelen quedar en el olvido. Todo sería muy distinto si ambos se esforzaran en traerlas a la memoria, y procurar generar las circunstancias necesarias para que se repitan.

Por eso es bueno preguntarse de vez en cuando: “Si continúo dando vueltas a estas ideas de esta manera…, ¿a dónde me lleva esto? ¿Qué voy a conseguir? ¿Hacia dónde me conduce? ¿Hacia dónde quiero ir?” Una persona ha de ser capaz de tomar de vez en cuando un poco de distancia sobre sí misma, y analizar sus sentimientos como si estuviera contemplando a otra persona, para así actuar sobre ellos.

 He extraído este comentario de un Blog que me ha gustado mucho:

tan-gente

La muerte- Barry Long – Extractos- 3

viene de aquí 

VII
  
 Eres un jugador en el riguroso juego de vivir.
  No puedes culpar al juego si no crees en las reglas o no te ocupas de recordarlas.
  La primera regla del juego es que todo jugador muere.
  Nadie sabe cuando llegará, a menudo los más jóvenes y los mejores se van primero.
  Todos tienen que jugar.
  El juego sigue para siempre o hasta que ganes.
  Ganas si encuentras la muerte antes de que ella te encuentre a ti.
  El premio es la vida.
 
 
 
 
VIIIPermítanme hablarles ahora a aquellos de ustedes que acaban de perder a la persona más querida de su vida, o que todavía están intentando sobreponerse al dolor abrumador y a la soledad. Nadie puede saber lo que estás pasando hasta que le sucede. No hay nada tan final, tan completamente real como la muerte. Has sido dolorosamente afligido y quiero que sepas, por favor, que mi amor está contigo. Pero debes salir de esto. No debes dejar que el dolor mate o adormezca una parte tuya, como ciertamente lo hará si lo superas con el tiempo del modo normal o si lo cargas dentro tuyo sin resolverlo. Hay una razón para el sufrimiento que la muerte les causa a los vivos. Es para tratar de hacerte comprender que no hay muerte. Las personas criadas en las culturas más simples, que vivían con sus muertos y enterraban a sus muertos, lo comprendían. No sufrían como estás sufriendo tú y tenían a sus mujeres y hombres sabios que los instruían en estos asuntos. Pero ahora, todo esto prácticamente ha desaparecido junto con los cuerpos muertos. Debes usar tu dolor. No trates de librarte ni te escapes de él. Se desvanecerá inmediatamente y sin dejar cicatrices en el momento en que te enfrentes con él, entendiéndolo. Y voy a ayudarte a hacer eso. Notarás que el dolor viene en olas. Por un rato estás libre de pena y, de pronto, está encima tuyo y estallas en lágrimas nuevamente. Sin aviso previo, puedes encontrarte llorando incontrolablemente en público o teniendo que abandonar rápidamente una habitación donde hay gente, para ir a llorar.  Permíteme explicarte lo que está pasando. Cuando amas mucho a alguien te apegas a él. Haces esto permitiendo que literalmente crezca dentro tuyo una imagen emocional de él, una especie de réplica sensorial de todos tus sentimientos por la persona. A lo largo de los meses y los años, la imagen emocional se vuelve una parte viviente de ti. Es tan real y sensible en sentimientos como cualquier parte física lo es en sensaciones. Cualquier cosa que le pasa a la otra persona, buena o mala, es sentida allí. A través del contacto constante y el pensar en la persona mantienes la emoción activa y viva. Cuando están separados la emoción te hace sentir cerca del otro, siempre que la separación no sea demasiado larga. Si lo es, la emoción comienza a doler por falta de contacto o noticias suyas y te sientes solo o deprimido. Cuando tienes noticias suyas la emoción en ti se reasegura y te sientes mejor, ¿no es así? Por favor, mira la verdad de esto en tu propia experiencia.
  Cuando ese ser amado muere y actúas como si fuese su fin, te separas completamente de la emoción y ésta reacciona violentamente. Recuerda, la emoción es una parte viva y sintiente de ti. La creaste con tu amor, es como tu propio hijo. Y, tal como un niño, depende completamente de ti para recibir el flujo de amor e información que le has estado dando por tanto tiempo. Informarle, tal como lo estás haciendo ahora ante la evidencia de un cuerpo muerto, que tu amor está muerto, es tan brutal como decirle a un niño que ya no es amado. Estás diciendo: “Se terminó, nunca más habrá amor para ti, mi amor está muerto.”
  ¿Ves lo que estás haciendo? Estás abandonando esa parte viviente y amorosa de ti y la parte está gritando: “¡Pero yo no estoy muerta, por favor no me dejes así, por favor ámame, vuelve!” Ese es el dolor y la pena terrible que sientes y que te hace llorar. Trata de observar la verdad de esto por ti mismo. Por favor, no lo descartes ni me creas solamente.
  Después de unos pocos ataques de llanto te darás cuenta por momentos que no eres tú realmente el que está llorando. Tu cuerpo está llorando y te sientes espantosamente, pero de algún modo no eres todo tú, estás extrañamente desapegado. Si todavía no has tenido esta experiencia trata de darte cuenta la próxima vez que la emoción aparezca. Permance muy quieto interiormente y mira por ti mismo. Pero no trates de detener el llanto, solamente obsérvalo.
Como nadie habla de esto, cuando notamos que nos suceden estas cosas tan extrañas, tendemos instantáneamente a descartarlas o ignorarlas. En un momento así, hasta la sugerencia de que estamos actuando o no estamos siendo sinceros es demasiado contradictoria. Pero cuando lo veas no te sientas perturbado, no eres tú el que está llorando. Tú no tienes porque llorar, tu ser amado vive. Es la emoción, el apego que alimentaste en ti mismo y que se siente abandonado y no amado el que está haciendo llorar a tu cuerpo. Llora pidiendo tu atención y tu amor porque le has dado la espalda.
Actuando del modo en que lo haces, te estás cortando por la mitad. Tienes que aprender a amarte a ti mismo. Tienes que curar esa herida abierta dentro tuyo y unificarte. Te voy a decir cómo hacerlo; de hecho ya lo estamos haciendo. Si te observas ahora muy de cerca, notarás que te estás sintiendo más liviano, más curado. Esto es así porque tu herida emocional escucha y renueva sus esperanzas por mi amor y mi comprensión de su dolor, y entonces te sientes menos dividido, más completo. Tienes que hacer por tu herida lo mismo que estoy haciendo por ella. Podemos hacerlo juntos hasta que estés más fuerte. Sigue leyendo estas letras una y otra vez hasta que captes la idea.
 Ahora deberías entender la diferencia entre amor y emoción. Tu amor por aquel cuyo cuerpo se ha ido es constante, no varía, ¿no es cierto? Pero el dolor emocional que sientes no es constante, viene y se va. Viene cuando no estás amando, o sea cuando estás viviendo en el pasado, cuando piensas en tu ser amado como estando muerto, imaginándolo como solía ser. Esto hace que la emoción se sienta terriblemente infeliz y entonces llora, o más bien te hace llorar. Notarás que esto también sucede cuando vuelves a lugares que ambos conocían, tratando de hacer algún tipo de contacto sensiblero, o cuando hojeas tristemente el álbum de fotos o te entregas a la autocompasión por lo miserable que es ahora tu vida sin el otro. En otras palabras, cada vez que te comportas como si tu amor estuviese muerto y se hubiese ido. Tales viajes sentimentales torturan a la emoción en ti. A menudo la gente trata de consolarnos en esos momentos diciendo que por lo menos tenemos nuestras memorias, como si las memorias fuesen una compensación. Las memorias son lo que ha pasado, lo que está muerto. Las memorias son la causa de todo tu dolor porque te hacen creer que tu amor está muerto, cuando no está muerto, sólo su cuerpo está muerto. Cada vez que piensas en tu ser amado, y naturalmente piensas en él como un cuerpo que está muerto, la emoción que está viva en ti protesta y tú sufres. Piensas y el dolor reaparece, es tan simple como esto. Obsérvalo, por favor, es terriblemente importante. Prueba la verdad de lo que estoy diciendo en tu propia experiencia. Tan pronto como piensas en la persona en tiempo pasado, te pones emocional. Debes dejar de pensar que tu amor está muerto. En cuanto lo hagas, el dolor cesará. Veamos ahora cómo puedes hacer esto.
 El punto de partida, la verdad maravillosa es que tu ser amado no está muerto, que la muerte es sólo un cuerpo muerto. El ser que amas está presente contigo ahora. Desde que murió ha estado tratando de decirte que no está muerto, pero no puede llegar hasta ti cuando la emoción está allí. Cuando no estás emocional, él está allí. Es por eso que no sientes el dolor de la separación todo el tiempo, es por eso que algunas veces sabes sin duda alguna, que está presente, y es por eso que hasta puedes reírte entre dientes y decir en voz alta alguna intimidad o algún chiste privado que compartían. El se da cuenta de todo lo que haces pero no es posesivo, sólo desea que ames y seas feliz.
Al lamentarte por tu amor y cavilar tristemente acerca de lo bueno que solía ser, al desear que estuviese de vuelta, al querer decirle cuánto lo querías y cuánto lo extrañas, al hacer todo esto estás diciendo que está muerto, en la tumba. Cuando en verdad, está contigo en este momento, una presencia viva, si puedes estar lo suficientemente quieto interiormente como para registrarlo.
Cada vez que piensas en tu ser amado como muerto, te separas de su presencia. Eliges lo que era en vez de lo que es y él no puede llegar a ti. ¿No has anhelado otra oportunidad de amarlo más? Bueno, ésta es esa oportunidad.
Imagínate mirando a través de una ventana una habitación sellada y viendo a la persona que más amas llorando sobre tu fotografía y besándola. No le dirías: “¿Por qué estás amando esa cosa? Eso no soy yo. Estoy aquí. Amame como soy: nuestro amor, el ser real, no ese sustituto del amor que te esta distrayendo y se está interponiendo entre nosotros. El amor no es besar. El amor no es mirar hacia atrás de esa manera. El amor no es una memoria. El amor es ahora.”
  Tu ser amado sabe  exactamente cómo te sientes, cuán solo estás y cuánto lo extrañas. Está diciendo: “Amame como si estuviese allí y gradualmente sentirás la certeza de mi presencia. Cada vez que piensas que estoy muerto, me dejas. No estés triste, no llores. Alégrate como yo. No hay muerte.”
Cuando hagas esto, la emoción que está dentro tuyo sentirá una vez más tu amor fluyendo y comenzará a curarse. Y los períodos de dolor y vacío se reducirán, no porque hayas superado tu pérdida permitendo que esa parte tuya languidezca y muera sino porque, sabiendo que tu amor vive, habrás cruzado al otro lado de la tumba y te habrás hecho completo.
  

 Continua aquí

La muerte- Barry Long – Extractos- 2

Viene de aquí  

IV    ¿Has notado que el amor parece estar desapareciendo del mundo, que la idea que el mundo tiene del amor es más la de humanidad y tolerancia, lo cual no es amor en absoluto? No estoy hablando de un modo de amar, estoy hablando del amor. ¿Has notado que, al mismo tiempo que el progreso parece estar haciendo más fácil vivir en el mundo, es más difícil encontrar amor: un amor en el que puedas sostenerte, un amor al que realmente le importes, que realmente te pertenezca, un amor que esté realmente contigo? ¿Has notado cómo estás teniendo que tomar en cuenta el olvido de aquellos que te aman y algunas veces tu propia falta de amor?  Increíblemente, estos son los síntomas de estar desconectado de la muerte, del inconsciente. El impacto de esto sobre la psiquis humana, especialmente en el último siglo, ha creado una neurosis global galopante, una enfermedad mental peculiar de todos los que vivimos en el mundo moderno. Nuestro obsesivo ocultamiento de los muertos y nuestro casi secreto descarte de los cuerpos nos pone en evidencia. Es la naturaleza humana esconder o esconderse de la evidencia física de una neurosis. Por lo tanto ya no hay más cuerpos muertos alrededor. Como todos sufren de esta neurosis y de sus fantasías que son excusas, le quitamos importancia a su efecto devastador en nuestras vidas, considerándolo parte del vivir normal; y así la causa continúa sin ser percibida. Pero el hecho es que esta neurosis está destruyendo la calidad de vida sobre la Tierra, tu vida. Y al hacerlo, cada uno de nosotros se siente obligado a defender y justificar un poquito más el propósito y valor de su existencia.
  Permíteme describirte los síntomas con más detalles. Mira si no reconoces el problema subyacente en tu vida y en la del mundo moderno a tu alrededor.

  Nosotros, las personas, nos sentimos superfluos. Cada uno de nosotros se siente cada vez menos amado y necesitado como una unidad sobre la Tierra. Algo, y nadie parece ser capaz de nombrarlo, nos está suplantando. Por más que tratemos de sostenernos los unos con los otros, aun con aquellos a quienes amamos, tenemos una rara sensación de separación progresiva, de no ser completamente capaces de llegar a los otros. Nos reunimos en el amor y al hacer el amor, pero la sensación de distancia incluso estando juntos está allí a menudo, aunque generalmente nos las ingeniamos para ahuyentar el pensamiento. Decimos: “A veces es bueno, a veces no: así es la vida” ¿Es así? ¿La vida es así o es solamente otra excusa para poder soportar vivir la vida a medias que vivimos? La vida no es el vivir. La vida es completa y hermosa. Vivir como lo hacemos la mayor parte del tiempo es un encubrimiento de los síntomas.
  Es más difícil expresar nuestro amor y nuestros sentimientos, posiblemente porque nuestros seres amados no parecen escucharnos ni oírnos: otro síntoma más de la neurosis. Hay más malhumor, insatisfacción, emocionalidad y descontento a nuestro alrededor y en nosostros mismos. Simplemente, no estamos felices tan a menudo como sentimos que deberíamos estar, la alegría no es duradera. Para los que envejecen el sentimiento es a veces de desesperación. Para los maduros y los de mediana edad, las madres y los padres, se está tornado más frecuentemente en un momento de depresión parecido a cuando se desmoronan esperanzas largamente sostenidas. Y para los jóvenes que todavía no pueden registrar el sentimiento directamente, su efecto es la obsesiva búsqueda de algo nuevo, algo sensacional, ¡por Dios!, algo tangible y que valga la pena, ser algo que los haga sentirse verdaderamente necesarios.   A medida que la neurosis penetra más profundamente, cada generación encuentra más difícil expresar amor y ser amor. La maravilla de estar vivo, la riqueza y simplicidad naturales están desapareciendo. Y no se debe a la tecnología que, en nuestra ceguera, tratamos de culpar. Es que estamos muriendo por dentro, todos nosotros. Estamos muriendo por la necesidad de estar una vez más en rejuvenecedor contacto con el inconsciente: con la mitad faltante de nosotros mismos que hemos borrado exitosamente de nuestras vidas.
 
V    La principal dificultad para un moribundo, antes de perder completamente la conciencia, es un agudo sentimiento de aislamiento. No porque estén dejando todo, como podríamos imaginar, sino porque perciben por primera vez con alarmante claridad que nadie comprende la muerte. Aunque las personas que están a su alrededor sean amorosas y estén tristes, y los doctores y enfermeras se dediquen a ellos devotamente hasta el punto de la santidad, los moribundos se dan cuenta de que los que los rodean no tienen esta comprensión y ellos están completamente solos. El verdadero amor mostrado por otros es vitalmente contenedor y reconfortante para los moribundos, pero no disminuye la angustia y frustración que sienten al verse desconectados por la falta de comprensión de los vivos. Morir es un proceso de retirarse a una nueva vida, a una nueva conciencia. Los vivos no se dan cuenta de esto porque le han dado la espalda deliberadamente. Los moribundos, a través del clarear de su estado de conciencia alterado, ven que los vivos no sólo no comprenden la muerte sino que nadie quiere hacerlo realmente: que todos, hasta los más tristes, están demasiado absortos en vivir. La sensación de distancia e inutilidad es tremenda. Consecuentemente, los moribundos se desconectan de nosotros antes de morir, tal como nosotros nos desconectamos de los muertos. En muchos casos verás que la persona que se está muriendo, realmente da vuelta la cara hacia la pared al sentir la total inutilidad de tratar de comunicarse allí donde no hay comprensión, o puede parecer que se vuelve apáticamente vacía. Tú mismo debes haber experimentado el equivalente mundano de esta frustración de tener que abandonar el intento de comunicarte con alguien que simplemente no entiende o no puede entender. Si las personas que están alrededor de los moribundos comprendieran la muerte enfrentándola antes de que suceda, la muerte sería una experiencia muy diferente, ennoblecedora para todos los que están involucrados en ella. Los moribundos se comunicarían y morirían felices y los vivos sabrían que no hay muerte y vivirían mucho más felices. Sin embargo, tal como son las cosas, en nuestra neurótica sociedad global, mueres completamente solo aunque estés rodeado por personas que te aman y te cuidan.   ¿Has notado la torpeza e incomodidad de las personas cuando están con alguien que se está muriendo? ¿O cuando se ven forzados a hablar de la realidad de la muerte? ¿Te has observado a ti mismo en estas ocasiones, has sentido tu falta de naturalidad, la embarazosa búsqueda de algo significativo que decir o hacer? ¿Has visto la sombría mirada de dolor que es universalmente adoptada para proclamar cuán seriamente contemplamos el lecho de muerte, sin tener nada que valga la pena transmitir al que yace en él? La mayoría de las veces bien podríamos no estar allí. Enviamos flores y tarjetas para compensar nuestra pobreza de comprensión, esperando que hablen por nosotros. ¿Qué es lo que las flores y las tarjetas les dicen a los que realmente se están muriendo? Nada. Las flores y las tarjetas son solamente para los vivos, para nosotros. Damos esas cosas para reconfortarnos y reasegurarnos a nosotros mismos y no a los moribundos, que hemos hecho todo lo que hemos podido. Cuando, en realidad, no hemos hecho nada en absoluto, no hemos dado nada de nosotros mismos. Es verdad que los hemos amado y los amamos pero ese amor que significa tanto para nosotros ya no es suficiente para los que verdaderamente se están muriendo. Ese amor que sentimos el uno por el otro mientras estamos vivos es nuestro modo de comprender el vivir, pero tal amor no nos da la comprensión de la muerte, si lo hiciese no nos sentiríamos tan despojados cuando un ser amado muere. Lloramos y nos lamentamos porque nuestro amor por el otro no fue suficiente para ayudarnos a comprender la muerte, para permitirnos cruzar con ellos al otro lado de la tumba: al inconsciente, mientras aún estaban vivos.
Morir es un viaje más allá del amor mortal. Permanecer con los que se están muriendo durante todo el camino requiere un amor no egoísta mucho más elevado: un amor inmortal.
¿Quién les va a dar ese amor a los moribundos? ¿Quién se lo va a dar a tus seres amados? ¿Quién sino tú, tomando ahora la determinación de traer a tu vida la comprensión de la muerte? Esta es la forma más elevada de amor humano, por eso es tan raro.
 
VI  ¿Qué puedes hacer para sobreponerte al desconsuelo y la soledad que trae la muerte de un ser amado? ¿Cómo podrás soportar entrar de nuevo en la casa, preparar una comida sabiendo que no estará allí, abrir un guardarropas o ver una silla vacía sin desmoronarte y estallar en lágrimas? ¿Cómo soportarás las noches, por no hablar de los días, y cómo llegarás a un acuerdo con el enojo inevitable: “¿es que acaso no hay justicia en esta vida, cómo puede haber un poder providencial o un dios que permita tal dolor y miseria?”Permítanme hablarles primero a aquellos de ustedes que no están sufriendo en este momento la pérdida de alguien a quien aman. El modo de protejerte del dolor futuro es empezando a responsabilizarte por tu vida ahora, hoy. Todos nos estamos haciendo responsables por vivir, pero no por la vida. Trabajamos y ganamos dinero para sostener a las personas que más amamos, o los cuidamos manteniendo un hogar. Los amamos, los ayudamos y los guiamos lo mejor que podemos hacia el futuro que, esperamos, será bueno y largo. Todo esto es hacernos responsables por vivir. Sacar un seguro de vida de cincuenta mil libras no es hacerte responsable por la vida, es hacerte responsable por vivir. Ese seguro de vida y todo el amor y el cuidado que les das a tus seres amados no aliviará en lo más mínimo la agonía por la que pasarán cuando te mueras, o por la que pasarás cuando ellos mueran. Entonces, ¿cómo te haces responsable por la vida? Dejando de vivir de tu imaginación. Dándote cuenta de la verdad de lo que estoy diciendo. Enfrentando cada día, a cada momento, el hecho de la vida y no solamente la idea tipo “seguro de vida” de amar y vivir. El hecho de la vida es la muerte: tu amado hijo, esposo, esposa, amante, mamá y papá, cada persona que quieres, va a morir. ¿Piensas que ya lo sabes, que ya te has enfrentado con esto? Cuando llegue la muerte de tus seres queridos, ésta te aturdirá, te arrollará y no estarás listo, ¿no es así? Si ya hubieses enfrentado el hecho de la vida estarías listo y la muerte no tendría poder para crucificarte. Pero cuando llegue, vas a pasar por toda la agonía que acabo de describir, como lo han hecho todos antes que tú, porque todos imaginan que ya se han enfrentado con la muerte, pero no es verdad. Si uno de tus seres amados se muere dentro de diez años, será tan terrible como si sucediese ahora, ¿no es así? Dentro de diez años… diez años atrás… es hoy. Si le sucediese hoy a tu ser más amado, ¿estarías mejor preparado? La verdad es que no crees en la muerte. La muerte es algo que le pasa a alguien allá en la casa de al lado. Cuando le llegue la muerte al ser que más amas vas a culpar a alguna fatalidad. Vas a reaccionar como si hubieses sido engañado, como si fuese una novedad para ti que éste es un mundo de muerte. En suma, vas a actuar irresponsablemente, inmaduramente, como si no supieras de qué se trata la vida, porque pensabas que se trataba de vivir. La vida se trata de aprender a vivir con la muerte. Tú lo entiendes cuando la muerte te golpea. Pero la gente y la sociedad que te rodea, ofreciéndote simpatía y no soluciones, te ayudará a olvidar la lección y a seguir viviendo de esperanzas. Y así seguirás sufriendo una y otra vez cada vez que le suceda  a alguien  que amas, tal como sufrirán tus hijos y los hijos de tus hijos, y todos los seres que amas porque nadie tiene el tiempo o el amor suficiente como para enfrentar la verdad. Desde que eras niño e hiciste la primera pregunta acerca de la muerte, la vida ha estado tratando de mostrarte que éste es un mundo de muerte. Pero no puede atravesar el poder de tu imaginación, la neurosis que te dice que éste es un mundo de esperanza. En este mundo no hay esperanza. Ver esto es la única esperanza. Por cierto, detrás de este mundo está el mundo inmortal de la vida después de la muerte, inmortal como los gorriones que siempre están aquí. Pero hasta que no te das cuenta de que cada gorrión muere, que cada amada mascota por la cual lloraste alguna vez como si fuese un niño, no es diferente de la persona que más amas ahora, hasta que no te des cuenta de eso no podrás participar en esa vida inmortal que sabe que no hay separación en la muerte y que, por lo tanto, no necesita ningún duelo.
 
VII  Hacerte responsable por la vida significa también hacerte responsable por aquellos a quienes amas. Nuevamente, no te estás haciendo responsable por esto. Estás haciendo lo mejor que puedes, particularmente con tus hijos, pero lo mejor que puedes no es suficiente. ¿Y qué es lo que estás haciendo por los adultos que amas? Ser responsable es hacer que todos los que amas empiecen a hablar abiertamente de la muerte y a comprender la muerte. Esto es verdadero amor. Porque, si los amas de verdad, ¿serás capaz de dejarlos cuando te mueras con la agonía que de otro modo tendrán que soportar?  Hablen juntos de la realidad de la muerte, del modo en que yo te estoy hablando ahora. No permitas que la muerte los sorprenda. Presenta el tema a la familia, hablen regularmente, no dejes que se escondan de la muerte. Escucha lo que estoy diciendo tan a menudo como puedas hasta que entiendas la idea. Escuchen juntos hasta que puedan empezar a hablar abierta e inteligentemente. ¿Qué pasa si alguien no quiere escuchar? Muy pocos quieren escuchar: llegar a ellos es una tarea del amor. El verdadero amor no es fácil. Permite que los niños escuchen. Incluye siempre a los niños. No trates de protegerlos, ellos son el futuro de esta comprensión. Antes de que los contaminemos con nuestras nociones neuróticas, ellos saben más de la muerte que nosotros. Pero en estos días, los jóvenes están empezando a tener miedo de la muerte más temprano que nunca. Puedes ver que esto está sucediendo cuando ellos se apartan de alguien que está muriendo o muerto en vez de quedarse allí con su inocencia y curiosidad naturales. Esto no es necesariamente culpa tuya, la neurosis grupal infecta a los muy jóvenes. Escucha las preguntas de los niños, escucha sus observaciones, pero no les des nada que no sean los hechos, la verdad. Y demuestra siempre lo que estás diciendo en la vida a tu alrededor y en su propia experiencia, no en su imaginación. No les pidas que crean en nada o que crean nada. El hecho es que la muerte es sólo un cuerpo muerto. La verdad es que la vida es eterna. No hay necesidad de creer en ello. Lleva a los niños al jardín o al parque. Muéstrales la muerte, hay cuerpos muertos por todos lados: hojas muertas, pájaros muertos, plantas muertas, árboles muertos. Luego muéstrales la vida: está en todas partes. Pregúntales : “¿Te acuerdas de cuando estabas muerto?” Si la respuesta es no, puedes decir: “Es porque nunca estuviste muerto, no hay muerte, hay solamente cuerpos muertos como estos.”
Si la respuesta es sí, puedes decir: “Si puedes acordarte de cuando estabas muerto, entonces no puedes haber estado muerto, ¿no es verdad?”
 “Pero si todavía no me he muerto, tengo sólo tres o cuatro años.”  “No, y  nunca te morirás, sólo tu cuerpo muere.” “Abuelito se murió.”  “No, el cuerpo de abuelito se murió.” Si el niño o el adulto dice: “Pero, ¿adónde te vas cuando te mueres?” Puedes decir: “Vuelves al lugar de donde viniste, al igual que las hojas, los pájaros y los árboles cuando se mueren.” “Pero yo salí de la panza de mi mami.”  “No, fue tu cuerpo el que salió de la panza de tu mami, igual que la hoja salió del árbol, el árbol salió del suelo y el pájaro salió del huevo. Tú no eres un cuerpo, ni tampoco lo es la belleza viviente del pájaro, del árbol o de la hoja. Tú eres vida. Sales de tu cuerpo como el hermoso verde viviente de la hoja. Mira, estás saliendo de tu cuerpo ahora, hablando conmigo. Mira que dulce y rosadito te ves, no te ves así cuando estás muerto, no lo hace esta hoja muerta, tal como puedes ver. Un cuerpo muerto, igual que una hoja muerta, no se ve vivo porque la vida que estaba en él, lo que tú eres ahora, simplemente se ha ido al lugar de donde vino. Cada noche, cuando te vas a dormir, vuelves al interior de tu cuerpo, ¿no es cierto? Cuando te estás muriendo todo lo que haces es volverte un poco más adentro de tu cuerpo como volvió la belleza verde y viviente de esta hoja mientras se estaba muriendo. La vida que canta con alegría en los pájaros o que ríe y ama en tu cuerpo, nunca muere. Mira a tu alrededor: en todas partes la vida sigue cantando y siendo hermosa porque sabe que no hay muerte, que la muerte es un cuerpo muerto.”  Tal vez el niño diga entonces: “¿Pero qué pasa si nos sentimos infelices y lloramos? Eso no es hermoso.”
 Podrías contestarle: “No, pero la gente llora y es infeliz solamente porque no sabe que no hay muerte. ¿Me ayudarás a mostrarles esto y a hacer el mundo más feliz?” 

 
 
 
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