Interesante exposicón de Arte en Berlin. Los secretos de los cuadros

Susanne Schulze

Mediante rayos x se descubre una cabeza de hombre en el cuandro.

Milliones de personas conocen los cuadros de Rembrandt, Tiziano o Tiepolo en la Gemäldegalerie se han investigado estos cuadros con rayo X y se ha hecho una exposición sobre ello. .

Original: „Joseph und die Frau des Potiphar“ malte Rembrandt 1655

. „Der Blick durch die Bilder: Alte Meister geröntgt“ zeigt an 13 Gemälden, was die Maler verbergen wollten.(La mirada a travéz de los cuadros” 13 cuadros y lo que el maestro ocultó detrás)

Hace ya 40 Jahren que Gerald Schultz (65) estudia con rayo X  los cuadros de la Gemäldegalerie en Berlín. Ahora descubre los secretos.

„Joseph und die Frau des Potiphar“En José y la mujer de Potifar de Rembrandt, aparece la cabeza de un anciano. (1655 )

„Una explicación es que Rembrandt no tenía dinero para comprar telas “, segun  Schultz. „Entonces pintaba sobre antiguos cuadros cuando tenía un contrato. “

Debajo de Solimena-aasrece un angel que sostiene una corona de rosas sobre María.

Original: Maria con el Niño de Francesco Solimena (1680-82)

Segun Schultz : „Muchos artistas se vestaran revolviendo en la tumba porque descubro su secretos .“

Para quien se pase por Berlin

(Hasta el 28.10., Gemäldegalerie, Kulturforum Potsdamer Platz, Martes Domingos 10–18 Horas, Jueves hasta las 22 Horas)

Que hacer cuando el diagnostico es cancer? David Simon 24

IMAGINAR LA INTEGRIDAD COMPLETA

 

Meditación y visualización creativa

para estimular la curación

 

 

No hay temor para el vigilante cuya mente

está serena, cuyos pensamientos no se ven

perturbados, que ha renunciado al juicio y a

la culpa.

 

BUDA, en el Dhammapada

 

 

     Se encuentra usted en la sala de espera del médico y escucha a una enfermera diciéndole al médico que hay un problema con su historial médico. Inmediatamente empieza a preocuparse, convencido de que el último análisis de laboratorio ha demostrado que hay causas de preocupación. Se le empiezan a desbocar los pensa- mientos, el corazón le late con rapidez en el pecho y se ruboriza. Imagina lo peor: que después de todos los tratamientos recibidos, le van a decir que el cáncer ha experimentado una recaída. Siente el impulso de salir corriendo de la sala de espera y no volver a ver nunca al médico. Experimenta cólera al pensar que, en su última visita, le dijeron que todo andaba perfectamente bien, mientras que ahora, en apenas dos meses, han cambiado las cosas. Toda clase de pensamientos cruzan aceleradamente por su  mente, agitándole con frenéticas emociones.

     Después de una interminable espera, le toca el turno de pasar a la consulta oncológica  y se prepara para recibir las malas noticias. El médico le pregunta cómo se siente y usted le espeta: «¡Dígame de una vez qué es lo que anda mal!». El médico le mira, desconcertado, y le pregunta qué le hace pensar que hay un problema. Entonces, le cuenta que ha escuchado los comentarios de la enfermera y él se echa a reír, explicándole que el único «problema» que hay con su historial es que en él se ha guardado por error la factura de otro cliente. A continuación, el médico le asegura que los análisis indican resultados estupendos y refuerza su expectativa de que el cáncer va quedando atrás.

     Un clásico mito védico cuenta la historia de un hombre que sintió una picadura en la  pierna mientras caminaba por un camino. Bajó la mirada y distinguió una serpiente en un arbusto. El acongojado hombre experimentó un pánico instantáneo y empezó a gritar diciendo que le había mordido una serpiente venenosa. Cuando la gente se precipitaba para ayudarle, se derrumbó sobre el suelo, entre gemidos, diciendo que no quería morir. En un esfuerzo por ayudar a la pobre víctima, una mujer preguntó por qué lugar caminaba cuando fue mordido y el hombre, casi delirante, señaló la cuneta del camino. Ella se dirigió presurosa al lugar señalado y descubrió un arbusto de espinas. Actuando  con sumo cuidado, retiró de él un trozo de gruesa cuerda, exclamando que acababa de  encontrar la «serpiente». Al darse cuenta de que había malinterpretado la situación, la respiración del hombre volvió a normalizarse, recuperó la fortaleza, y todos los presentes tuvieron una buena anécdota que contar.

     Nuestras mentes son campos de pensamiento. Nuestros cuerpos son campos de  moléculas. Estos dos campos se hallan inextricablemente entrelazados, de modo que  una perturbación en uno genera una perturbación en el otro. Cuando nos sentimos sosegados, nuestros pensamientos son impulsos de equilibrio y creatividad y nuestros  cuerpos experimentan comodidad y alivio. Cuando experimentamos perturbaciones mentales y emocionales, nuestros cuerpos sienten esa confusión en forma de incomodidad y agitación. Al afrontar la tensión de una enfermedad grave, complicamos la angustia de nuestro cuerpo y nuestra mente con pensamientos obsesivos y con la correspondiente ansiedad que sienten nuestros cuerpos. Cada pensamiento desencadena emociones que provocan a su vez más pensamientos y sentimientos. A menudo generamos un círculo vicioso de turbulencia mente-cuerpo que termina por adquirir vida propia:

 

«Espero que este dolor que noto en la espalda no sea una indicación de que vuelvo a tener cáncer.»

La ansiedad tiene como resultado la disminución del umbral de dolor.

 

«Este dolor me ha tenido despierto toda la noche. Tiene que ser el cáncer.»

La incomodidad y la ansiedad conducen a una perturbada pauta de sueño.

 

«El dolor empeora. Estoy seguro de que es el cáncer.»

El temor tiene como resultado permanecer todo el día en la cama, lo que provoca más rigidez.

 

«Ahora apenas si puedo moverme a causa del dolor.»

 

     Al día siguiente acude al médico y, ante sus preguntas, recuerda usted que el día  anterior, antes que comenzara el dolor, levantó unas cajas pesadas. El médico establece el diagnóstico adecuado: se trata de una simple tensión muscular. La incomodidad desaparece por completo en cuestión de pocos días y recupera usted su equilibrio y optimismo.

 

Interrupción del ciclo

 

     ¿Cómo podemos detener estas espirales negativas de pensamiento y emoción?  Cualquiera que haya tratado de conciliar el sueño la noche antes de conocer los  resultados de unos importantes análisis de laboratorio sabe lo dificil que puede ser desconectar una mente demasiado activa. No es algo que se pueda lograr simplemente con desear que los pensamientos cesen y desistan. La mayoría de nosotros necesitamos emplear alguna técnica para aquietar nuestras mentes y recuperar nuestro estado de equilibrio fisico. A lo largo de la historia y en todo el mundo, la oración y la meditación han servido para este propósito. Cuando somos capaces de aflojar el control y  establecer conexión con un campo situado más  allá de los límites físicos, mentales y emocionales, recordamos que el problema localizado al que nos enfrentamos no puede destruir aquello que es esencial a nuestra naturaleza: nuestro verdadero Yo. La mente es un campo de ideas y el cuerpo es un campo de moléculas, pero por debajo de nuestras mentes y cuerpos hay un campo de conciencia que no está vinculado con el tiempo ni con el espacio. Cuanto más logremos establecernos en ese ámbito de desvinculación, tanto mejor podremos sortear los desafíos que se nos presenten en la vida.

     El proceso de echar un vistazo a la eternidad en medio de una conciencia vinculada con el tiempo puede adquirir formas diferentes para personas diferentes. Para muchas, rezarle a un poder superior es el método más cómodo para ir más allá de la individualidad. Ya sea mediante la oración privada y personal, la lectura de las Sagradas Escrituras o la asistencia a un servicio religioso en la iglesia, la sinagoga, el templo o la mezquita, el ritual de reconocer la autoridad definitiva del Espíritu sobre la materia tiene un poder curativo. El doctor  Larry  Dossey  ha  explorado  la  capacidad  de  la  oración  para  influir sobre la recuperación de la enfermedad, demostrando que rezar puede ser una fuerza poderosa e incluso medible[i].

    ¿Qué ocurre cuando rezamos? En primer lugar, cambiamos nuestro centro de  atención, alejándolo de rumiar unos pensamientos que nos mantienen aferrados a un ciclo de temor y terror, al mismo tiempo que invocamos una fuerza que tiene significado y consuelo para nosotros. Tanto si imaginamos a Dios como un hermoso rey de los  hombres, como una madre divina y compasiva, como un sabio paternal o como un Espíritu ilimitado e informe, abrir nuestro corazón y nuestra mente al Ser que está más allá de todos los seres nos permite liberarnos algo del temor y sustituirlo por amor y confianza. La experiencia de la oración nos recuerda aquellas otras ocasiones en las que  nos sentimos descorazonados, a pesar de lo cual perseveramos  y, en último término,  obtuvimos una valiosa experiencia y conocimiento. Mientras rezamos, nuestra agitación mental disminuye temporalmente y nuestro cuerpo tiene así la oportunidad de recordar su estado natural de equilibrio, creando un estado mente-cuerpo que facilita la curación  en mucha mayor medida que un estado de pánico y alarma. Y, naturalmente, si eso fuera compatible con la voluntad cósmica, nuestras oraciones serán contestadas. Le animo a rezar en la forma que le sea más cómoda, aunque haya transcurrido mucho tiempo desde la última vez que lo hiciera.

 

 




 

 

[i] L. Dossey,  Healing Words, HarperCollins, Nueva York. Hay traducción al castellano: Palabras que curan: el poder de la plegaria y la práctica de la medicina, Ediciones Obelisco, Barcelona, 1981. (N. del E.)