La esperanza, como último recurso

La esperanza en medio de la devastación

¿Quién es la que cabalga tan tarde con el viento en la noche?
Erlkönig, Goethe.

Hace casi 20 años, recoriendo Kiev me entero de la existencia de un barranco, en la afueras de esa ciudad, conocido con el nombre de Babi Yar. Allí fueron asesinadas en unos pocos días de septiembre de 1941, entre 100 y 150 mil personas.

Mucho tiempo después me topé con un video (que incluyo más abajo) rescatado de la cámara de un joven oficial nazi que registró lo ocurrido. Seres humanos que bajan de los camiones. Les hacen cavar sus propias tumbas, los hacen parar al lado. Les disparan. A otros los llevan hasta el barranco, los hacen tirarse sobre la tanda de cadáveres anteriores. Les disparan.

De Babi Yar solo hay registro de una mujer que resiste, que intenta huir con su bebé y son asesinados en el intento.

Qué es lo que lleva a aceptar con esa mansedumbre el destino. Porqué no negarse a cavar la propia tumba. Porqué no escupir a los asesinos. Porqué no maldecirlos. Porqué esperar el disparo en la nuca.

En el final de La Patagonia rebelde, el alemán Pablo Schulz se niega a cavar su tumba mientras sus compañeros de destino lo hacen en silencio.

Para lograr ese estado mental de entrega primero hay que quebrar a la persona. Pero fundamentalmente alentar la esperanza. La esperanza de que pasará algo que evitará lo que parece definitivo. Que no es cierto lo que parece que está pasando. No sé, no lo tengo claro.

Viene al caso porque me cuesta entender cómo es posible que miles de jubilados argentinos, condenados a la más espantosa de las penurias en el momento más vulnerable de su existencia, sin nada, absolutamente nada por ganar ni esperar no se tiran bajo un tren o se arrojan de un edificio. Porqué no son los viejos los que encabezan las protestas sociales. Porqué uno entre millones no se inmola junto a los que estime, son los responsables de su mísera existencia.

El ser humano es fuerte. El cerebro está entrenado luego de dos millones de años de evolución para mantenernos vivos. A cualquier costo. Un minuto más. Algunos segundos. ¿Será eso?

Leo aquí que “la esperanza como sentimiento tiene su aspecto negativo porque quien la posee vive fuera de su época (contando con un futuro aún inexistente). Quién tiene esperanza puede abandonar lo que realmente tiene para apoderarse de algo que quizá nunca tendrá. También es cierto que los más esperanzados son aquellos que padecen de un temor. Ambos sentimientos se complementan y ahí cabe preguntarse: ¿No sería bueno combatir el temor en lugar de ocultarlo con la esperanza?

Reconozco que estoy proponiendo algo difícil, sobre todo en una cultura que patrocina el miedo y la esperanza de la mayor cantidad de personas, pero usted que me está leyendo, ¿no viviría mejor si pudiera superar los miedos y dependiera menos de la esperanza?”
Recomiendo detenerse a partir del minuto 2.21

En “La Noche” (El Aleph, pag. 41), Eli Wiesel relata con crudeza ese sentimiento de mejor aguantar: “Aquí y allá oí murmurar: – Hay que hacer algo. No tenemos que dejarnos matar, ir como ganado al matadero. Tenemos que rebelarnos.

Entre nosotros había algunos muchachos fuertes. Llevaban puñales consigo e incitaban a sus compañeros a arrojarse sobre los guardias armados. Un joven decía:
– Que el mundo conozca la existencia de Auschwitz. Que la conozcan todos los que todavía pueden salvarse de venir aquí.
Pero los más viejos imploraban a sus hijos que no hicieran tonterías
– No hay que perder la confianza, aunque la espada esté suspendida sobre nuestras cabezas. Así hablaban nuestros Sabios”.

La autora del fragmento que sigue es Hélène Berr, (Diario, Anagrama, pag. 185) es el relato de una joven judía de París que reflexiona sobre la posibilidad de ser deportada y morir. En marzo de 1944, pocos meses después de esta anotación en su diario, sería enviada a Bergen Belsen y de allí a Auschwitz, de donde no regresaría:

“Miércoles 27 de octubre (1943). Cuando escribo ´desaparecer´ no pienso en mi muerte, porque quiero vivir; siempre que esté en mi mano. Hasta deportada pensaría constantemente en volver. Si Dios no me quita la vida, y si, lo que sería muy malvado, y la evidencia de una voluntad no ya divina, sino del mal humano, los hombres no me la arrebatan.

Si esto ocurriera, si estas líneas son leídas, se verá claro que esperaba mi destino; no que los haya aceptado de antemano, porque no sé hasta qué punto puede llegar mi resistencia física y moral bajo el peso de la realidad, sino que me lo esperaba”.

Finalmente, Franz Wander en “El séptimo pozo” (Galaxia Gutenberg, 2007, pag. 104) cuenta como ficción lo que vio mil veces: “Sólo algunos se rebelan: ¿Por qué no os defendéis? ¿Por qué corréis como carneros hacia vuestra propia destrucción? Pechmann es uno de los que se rebelan. Negocia con los funcionarios franceses, no se ve a ningún alemán. Habla con los representantes de la Cruz Roja, que inspeccionan el campo continuamente, pero nada pueden hacer. Lucha para que no desgarren a las familias, para que no manden a una madre que ha perdido a su hijo en el tumulto. Grita, maldice, convence, consuela. Y por las noches baila con Mariana. Se toman de las manos con fuerza, se miran a los ojos como si quisieran sumergirse en ellos para siempre.

Un día llaman a Mariana. Pechmann la retiene. Espera, le dice, no vayas, no te presentes, no podrán encontrarte entre las masas. Hablaré con los funcionarios, conseguiré que te dejen libre, voy a obtener un aplazamiento, conozco a gente influyente aquí. Huiremos juntos, nos iremos a las montañas…
Ella le pone la mano en la boca y sonríe dolorosamente. No, dice ella, déjame, tengo que ir. Él sabe por qué. Ella se lo ha dicho cien veces: su madre, su padre y tres hermanos están allí. Se va. Y a partir de ese día, Pechmann ya no se rebela. Una semana más tarde, cuando dicen su apellido, cruza en silencio la entrada del silo veinte”.

Puede que también tenga que ver la ideología, pero tampoco estoy seguro. Las experiencias de resistencia al nazismo en campos o territorios ocupados, ampliamente, fueron dirigidas y protagonizadas por comunistas. También existió el levantamiento del Gheto de Varsovia.

5 pensamientos en “La esperanza, como último recurso

  1. Reblogueó esto en El meu Mon Fisic i Mental .///. Mi Mundo Fisico y Mental.y comentado:
    Os inserto este curioso texto documento que he reblogueado, procedente del bloc: “Milenio”, insertado por mi Amigo Augusto. Espero que como a mi, a vosotros también os sirva para reflexionar y entender mejor mi reflexión para el 2015, sobre la puñetera seria humana que he insertado en mi página titulada: Esta a punto de comenzar el 2015
    http://buscandoenmiinmensidad.com/2014/12/06/esta-a-punto-de-comenzar-el-2015/ :

    • No pude publicar en tu enlace, asi que lo hago desde aqui:

      Muchas Gracias por compartir este texto. Porta sabiduría y belleza. Sabiduria poque describe sabiamente nuestro mundo actual. Belleza porque expresa la bella intencionalidad de construir un mundo nuevo en la tierra de verdad.
      He disfrutado de cada una de sus lineas, en forma y contenido.

Deja un comentario

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s