La muerte- Barry Long – Extractos- 2

Viene de aquí  

IV    ¿Has notado que el amor parece estar desapareciendo del mundo, que la idea que el mundo tiene del amor es más la de humanidad y tolerancia, lo cual no es amor en absoluto? No estoy hablando de un modo de amar, estoy hablando del amor. ¿Has notado que, al mismo tiempo que el progreso parece estar haciendo más fácil vivir en el mundo, es más difícil encontrar amor: un amor en el que puedas sostenerte, un amor al que realmente le importes, que realmente te pertenezca, un amor que esté realmente contigo? ¿Has notado cómo estás teniendo que tomar en cuenta el olvido de aquellos que te aman y algunas veces tu propia falta de amor?  Increíblemente, estos son los síntomas de estar desconectado de la muerte, del inconsciente. El impacto de esto sobre la psiquis humana, especialmente en el último siglo, ha creado una neurosis global galopante, una enfermedad mental peculiar de todos los que vivimos en el mundo moderno. Nuestro obsesivo ocultamiento de los muertos y nuestro casi secreto descarte de los cuerpos nos pone en evidencia. Es la naturaleza humana esconder o esconderse de la evidencia física de una neurosis. Por lo tanto ya no hay más cuerpos muertos alrededor. Como todos sufren de esta neurosis y de sus fantasías que son excusas, le quitamos importancia a su efecto devastador en nuestras vidas, considerándolo parte del vivir normal; y así la causa continúa sin ser percibida. Pero el hecho es que esta neurosis está destruyendo la calidad de vida sobre la Tierra, tu vida. Y al hacerlo, cada uno de nosotros se siente obligado a defender y justificar un poquito más el propósito y valor de su existencia.
  Permíteme describirte los síntomas con más detalles. Mira si no reconoces el problema subyacente en tu vida y en la del mundo moderno a tu alrededor.

  Nosotros, las personas, nos sentimos superfluos. Cada uno de nosotros se siente cada vez menos amado y necesitado como una unidad sobre la Tierra. Algo, y nadie parece ser capaz de nombrarlo, nos está suplantando. Por más que tratemos de sostenernos los unos con los otros, aun con aquellos a quienes amamos, tenemos una rara sensación de separación progresiva, de no ser completamente capaces de llegar a los otros. Nos reunimos en el amor y al hacer el amor, pero la sensación de distancia incluso estando juntos está allí a menudo, aunque generalmente nos las ingeniamos para ahuyentar el pensamiento. Decimos: “A veces es bueno, a veces no: así es la vida” ¿Es así? ¿La vida es así o es solamente otra excusa para poder soportar vivir la vida a medias que vivimos? La vida no es el vivir. La vida es completa y hermosa. Vivir como lo hacemos la mayor parte del tiempo es un encubrimiento de los síntomas.
  Es más difícil expresar nuestro amor y nuestros sentimientos, posiblemente porque nuestros seres amados no parecen escucharnos ni oírnos: otro síntoma más de la neurosis. Hay más malhumor, insatisfacción, emocionalidad y descontento a nuestro alrededor y en nosostros mismos. Simplemente, no estamos felices tan a menudo como sentimos que deberíamos estar, la alegría no es duradera. Para los que envejecen el sentimiento es a veces de desesperación. Para los maduros y los de mediana edad, las madres y los padres, se está tornado más frecuentemente en un momento de depresión parecido a cuando se desmoronan esperanzas largamente sostenidas. Y para los jóvenes que todavía no pueden registrar el sentimiento directamente, su efecto es la obsesiva búsqueda de algo nuevo, algo sensacional, ¡por Dios!, algo tangible y que valga la pena, ser algo que los haga sentirse verdaderamente necesarios.   A medida que la neurosis penetra más profundamente, cada generación encuentra más difícil expresar amor y ser amor. La maravilla de estar vivo, la riqueza y simplicidad naturales están desapareciendo. Y no se debe a la tecnología que, en nuestra ceguera, tratamos de culpar. Es que estamos muriendo por dentro, todos nosotros. Estamos muriendo por la necesidad de estar una vez más en rejuvenecedor contacto con el inconsciente: con la mitad faltante de nosotros mismos que hemos borrado exitosamente de nuestras vidas.
 
V    La principal dificultad para un moribundo, antes de perder completamente la conciencia, es un agudo sentimiento de aislamiento. No porque estén dejando todo, como podríamos imaginar, sino porque perciben por primera vez con alarmante claridad que nadie comprende la muerte. Aunque las personas que están a su alrededor sean amorosas y estén tristes, y los doctores y enfermeras se dediquen a ellos devotamente hasta el punto de la santidad, los moribundos se dan cuenta de que los que los rodean no tienen esta comprensión y ellos están completamente solos. El verdadero amor mostrado por otros es vitalmente contenedor y reconfortante para los moribundos, pero no disminuye la angustia y frustración que sienten al verse desconectados por la falta de comprensión de los vivos. Morir es un proceso de retirarse a una nueva vida, a una nueva conciencia. Los vivos no se dan cuenta de esto porque le han dado la espalda deliberadamente. Los moribundos, a través del clarear de su estado de conciencia alterado, ven que los vivos no sólo no comprenden la muerte sino que nadie quiere hacerlo realmente: que todos, hasta los más tristes, están demasiado absortos en vivir. La sensación de distancia e inutilidad es tremenda. Consecuentemente, los moribundos se desconectan de nosotros antes de morir, tal como nosotros nos desconectamos de los muertos. En muchos casos verás que la persona que se está muriendo, realmente da vuelta la cara hacia la pared al sentir la total inutilidad de tratar de comunicarse allí donde no hay comprensión, o puede parecer que se vuelve apáticamente vacía. Tú mismo debes haber experimentado el equivalente mundano de esta frustración de tener que abandonar el intento de comunicarte con alguien que simplemente no entiende o no puede entender. Si las personas que están alrededor de los moribundos comprendieran la muerte enfrentándola antes de que suceda, la muerte sería una experiencia muy diferente, ennoblecedora para todos los que están involucrados en ella. Los moribundos se comunicarían y morirían felices y los vivos sabrían que no hay muerte y vivirían mucho más felices. Sin embargo, tal como son las cosas, en nuestra neurótica sociedad global, mueres completamente solo aunque estés rodeado por personas que te aman y te cuidan.   ¿Has notado la torpeza e incomodidad de las personas cuando están con alguien que se está muriendo? ¿O cuando se ven forzados a hablar de la realidad de la muerte? ¿Te has observado a ti mismo en estas ocasiones, has sentido tu falta de naturalidad, la embarazosa búsqueda de algo significativo que decir o hacer? ¿Has visto la sombría mirada de dolor que es universalmente adoptada para proclamar cuán seriamente contemplamos el lecho de muerte, sin tener nada que valga la pena transmitir al que yace en él? La mayoría de las veces bien podríamos no estar allí. Enviamos flores y tarjetas para compensar nuestra pobreza de comprensión, esperando que hablen por nosotros. ¿Qué es lo que las flores y las tarjetas les dicen a los que realmente se están muriendo? Nada. Las flores y las tarjetas son solamente para los vivos, para nosotros. Damos esas cosas para reconfortarnos y reasegurarnos a nosotros mismos y no a los moribundos, que hemos hecho todo lo que hemos podido. Cuando, en realidad, no hemos hecho nada en absoluto, no hemos dado nada de nosotros mismos. Es verdad que los hemos amado y los amamos pero ese amor que significa tanto para nosotros ya no es suficiente para los que verdaderamente se están muriendo. Ese amor que sentimos el uno por el otro mientras estamos vivos es nuestro modo de comprender el vivir, pero tal amor no nos da la comprensión de la muerte, si lo hiciese no nos sentiríamos tan despojados cuando un ser amado muere. Lloramos y nos lamentamos porque nuestro amor por el otro no fue suficiente para ayudarnos a comprender la muerte, para permitirnos cruzar con ellos al otro lado de la tumba: al inconsciente, mientras aún estaban vivos.
Morir es un viaje más allá del amor mortal. Permanecer con los que se están muriendo durante todo el camino requiere un amor no egoísta mucho más elevado: un amor inmortal.
¿Quién les va a dar ese amor a los moribundos? ¿Quién se lo va a dar a tus seres amados? ¿Quién sino tú, tomando ahora la determinación de traer a tu vida la comprensión de la muerte? Esta es la forma más elevada de amor humano, por eso es tan raro.
 
VI  ¿Qué puedes hacer para sobreponerte al desconsuelo y la soledad que trae la muerte de un ser amado? ¿Cómo podrás soportar entrar de nuevo en la casa, preparar una comida sabiendo que no estará allí, abrir un guardarropas o ver una silla vacía sin desmoronarte y estallar en lágrimas? ¿Cómo soportarás las noches, por no hablar de los días, y cómo llegarás a un acuerdo con el enojo inevitable: “¿es que acaso no hay justicia en esta vida, cómo puede haber un poder providencial o un dios que permita tal dolor y miseria?”Permítanme hablarles primero a aquellos de ustedes que no están sufriendo en este momento la pérdida de alguien a quien aman. El modo de protejerte del dolor futuro es empezando a responsabilizarte por tu vida ahora, hoy. Todos nos estamos haciendo responsables por vivir, pero no por la vida. Trabajamos y ganamos dinero para sostener a las personas que más amamos, o los cuidamos manteniendo un hogar. Los amamos, los ayudamos y los guiamos lo mejor que podemos hacia el futuro que, esperamos, será bueno y largo. Todo esto es hacernos responsables por vivir. Sacar un seguro de vida de cincuenta mil libras no es hacerte responsable por la vida, es hacerte responsable por vivir. Ese seguro de vida y todo el amor y el cuidado que les das a tus seres amados no aliviará en lo más mínimo la agonía por la que pasarán cuando te mueras, o por la que pasarás cuando ellos mueran. Entonces, ¿cómo te haces responsable por la vida? Dejando de vivir de tu imaginación. Dándote cuenta de la verdad de lo que estoy diciendo. Enfrentando cada día, a cada momento, el hecho de la vida y no solamente la idea tipo “seguro de vida” de amar y vivir. El hecho de la vida es la muerte: tu amado hijo, esposo, esposa, amante, mamá y papá, cada persona que quieres, va a morir. ¿Piensas que ya lo sabes, que ya te has enfrentado con esto? Cuando llegue la muerte de tus seres queridos, ésta te aturdirá, te arrollará y no estarás listo, ¿no es así? Si ya hubieses enfrentado el hecho de la vida estarías listo y la muerte no tendría poder para crucificarte. Pero cuando llegue, vas a pasar por toda la agonía que acabo de describir, como lo han hecho todos antes que tú, porque todos imaginan que ya se han enfrentado con la muerte, pero no es verdad. Si uno de tus seres amados se muere dentro de diez años, será tan terrible como si sucediese ahora, ¿no es así? Dentro de diez años… diez años atrás… es hoy. Si le sucediese hoy a tu ser más amado, ¿estarías mejor preparado? La verdad es que no crees en la muerte. La muerte es algo que le pasa a alguien allá en la casa de al lado. Cuando le llegue la muerte al ser que más amas vas a culpar a alguna fatalidad. Vas a reaccionar como si hubieses sido engañado, como si fuese una novedad para ti que éste es un mundo de muerte. En suma, vas a actuar irresponsablemente, inmaduramente, como si no supieras de qué se trata la vida, porque pensabas que se trataba de vivir. La vida se trata de aprender a vivir con la muerte. Tú lo entiendes cuando la muerte te golpea. Pero la gente y la sociedad que te rodea, ofreciéndote simpatía y no soluciones, te ayudará a olvidar la lección y a seguir viviendo de esperanzas. Y así seguirás sufriendo una y otra vez cada vez que le suceda  a alguien  que amas, tal como sufrirán tus hijos y los hijos de tus hijos, y todos los seres que amas porque nadie tiene el tiempo o el amor suficiente como para enfrentar la verdad. Desde que eras niño e hiciste la primera pregunta acerca de la muerte, la vida ha estado tratando de mostrarte que éste es un mundo de muerte. Pero no puede atravesar el poder de tu imaginación, la neurosis que te dice que éste es un mundo de esperanza. En este mundo no hay esperanza. Ver esto es la única esperanza. Por cierto, detrás de este mundo está el mundo inmortal de la vida después de la muerte, inmortal como los gorriones que siempre están aquí. Pero hasta que no te das cuenta de que cada gorrión muere, que cada amada mascota por la cual lloraste alguna vez como si fuese un niño, no es diferente de la persona que más amas ahora, hasta que no te des cuenta de eso no podrás participar en esa vida inmortal que sabe que no hay separación en la muerte y que, por lo tanto, no necesita ningún duelo.
 
VII  Hacerte responsable por la vida significa también hacerte responsable por aquellos a quienes amas. Nuevamente, no te estás haciendo responsable por esto. Estás haciendo lo mejor que puedes, particularmente con tus hijos, pero lo mejor que puedes no es suficiente. ¿Y qué es lo que estás haciendo por los adultos que amas? Ser responsable es hacer que todos los que amas empiecen a hablar abiertamente de la muerte y a comprender la muerte. Esto es verdadero amor. Porque, si los amas de verdad, ¿serás capaz de dejarlos cuando te mueras con la agonía que de otro modo tendrán que soportar?  Hablen juntos de la realidad de la muerte, del modo en que yo te estoy hablando ahora. No permitas que la muerte los sorprenda. Presenta el tema a la familia, hablen regularmente, no dejes que se escondan de la muerte. Escucha lo que estoy diciendo tan a menudo como puedas hasta que entiendas la idea. Escuchen juntos hasta que puedan empezar a hablar abierta e inteligentemente. ¿Qué pasa si alguien no quiere escuchar? Muy pocos quieren escuchar: llegar a ellos es una tarea del amor. El verdadero amor no es fácil. Permite que los niños escuchen. Incluye siempre a los niños. No trates de protegerlos, ellos son el futuro de esta comprensión. Antes de que los contaminemos con nuestras nociones neuróticas, ellos saben más de la muerte que nosotros. Pero en estos días, los jóvenes están empezando a tener miedo de la muerte más temprano que nunca. Puedes ver que esto está sucediendo cuando ellos se apartan de alguien que está muriendo o muerto en vez de quedarse allí con su inocencia y curiosidad naturales. Esto no es necesariamente culpa tuya, la neurosis grupal infecta a los muy jóvenes. Escucha las preguntas de los niños, escucha sus observaciones, pero no les des nada que no sean los hechos, la verdad. Y demuestra siempre lo que estás diciendo en la vida a tu alrededor y en su propia experiencia, no en su imaginación. No les pidas que crean en nada o que crean nada. El hecho es que la muerte es sólo un cuerpo muerto. La verdad es que la vida es eterna. No hay necesidad de creer en ello. Lleva a los niños al jardín o al parque. Muéstrales la muerte, hay cuerpos muertos por todos lados: hojas muertas, pájaros muertos, plantas muertas, árboles muertos. Luego muéstrales la vida: está en todas partes. Pregúntales : “¿Te acuerdas de cuando estabas muerto?” Si la respuesta es no, puedes decir: “Es porque nunca estuviste muerto, no hay muerte, hay solamente cuerpos muertos como estos.”
Si la respuesta es sí, puedes decir: “Si puedes acordarte de cuando estabas muerto, entonces no puedes haber estado muerto, ¿no es verdad?”
 “Pero si todavía no me he muerto, tengo sólo tres o cuatro años.”  “No, y  nunca te morirás, sólo tu cuerpo muere.” “Abuelito se murió.”  “No, el cuerpo de abuelito se murió.” Si el niño o el adulto dice: “Pero, ¿adónde te vas cuando te mueres?” Puedes decir: “Vuelves al lugar de donde viniste, al igual que las hojas, los pájaros y los árboles cuando se mueren.” “Pero yo salí de la panza de mi mami.”  “No, fue tu cuerpo el que salió de la panza de tu mami, igual que la hoja salió del árbol, el árbol salió del suelo y el pájaro salió del huevo. Tú no eres un cuerpo, ni tampoco lo es la belleza viviente del pájaro, del árbol o de la hoja. Tú eres vida. Sales de tu cuerpo como el hermoso verde viviente de la hoja. Mira, estás saliendo de tu cuerpo ahora, hablando conmigo. Mira que dulce y rosadito te ves, no te ves así cuando estás muerto, no lo hace esta hoja muerta, tal como puedes ver. Un cuerpo muerto, igual que una hoja muerta, no se ve vivo porque la vida que estaba en él, lo que tú eres ahora, simplemente se ha ido al lugar de donde vino. Cada noche, cuando te vas a dormir, vuelves al interior de tu cuerpo, ¿no es cierto? Cuando te estás muriendo todo lo que haces es volverte un poco más adentro de tu cuerpo como volvió la belleza verde y viviente de esta hoja mientras se estaba muriendo. La vida que canta con alegría en los pájaros o que ríe y ama en tu cuerpo, nunca muere. Mira a tu alrededor: en todas partes la vida sigue cantando y siendo hermosa porque sabe que no hay muerte, que la muerte es un cuerpo muerto.”  Tal vez el niño diga entonces: “¿Pero qué pasa si nos sentimos infelices y lloramos? Eso no es hermoso.”
 Podrías contestarle: “No, pero la gente llora y es infeliz solamente porque no sabe que no hay muerte. ¿Me ayudarás a mostrarles esto y a hacer el mundo más feliz?” 

 
 
 
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