Los Niños y la muerte (12 parte)- ELISABETH KÜBLER-ROSS

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                                                                    Los funerales

Se ha escrito mucho sobre funerales, y en un libro publicado anteriormente, Death, the Final Stage of Growth, dedicamos un capítulo a este tema, por lo que ahora me referiré solamente a algunos aspectos concretos.Los funerales son para la familia, y esto hay que comprenderlo bien. Aunque se trate de respetar los deseos y esperanzas de los fallecidos, hay que hacer lo más conveniente para los que se quedan. Se deben respetar las costumbres culturales, religiosas y locales aunque puedan resultar extrañas a los que colaboren en la preparación o la realización del ritual.En otros tiempos se enterraba a los muertos bajo un montón de escombros y piedras. Se decía que cuanto más profundamente estuviese enterrada una persona más se la respetaba y temía, porque se creía  el muerto podía regresar para vengarse. Unatumba muy profunda daba más seguridad cuando el muerto dejaba cosas pendientes. En los cementerio judíos se refleja esa vieja costumbre cuando los visi­tantes ponen un guijarro en la lápida «para que pese un poco más», como dijo una anciana sarcástica.Tanto si echamos las cenizas del difunto en el sa­grado Ganges, como si las esparcimos desde un avión sobre las Montañas Rocosas; tanto si envolvemos su cuerpo en una bandera y lo tiramos al mar, como si lo sellamos en un mausoleo, o simplemente lo enterra­mos en una sepultura y cubrimos el ataúd con tierra, sólo se trata de la concha, el capullo, el cuerpo físico de la persona que nos ha dejado. Es un ritual, una despedida ceremoniosa, una posibilidad para los seres queridos de estar juntos, en un adiós común.Es una oportunidad para los que no pudieron participar en una enfermedad terminal y quieren unirse a los que tuvieron ese privilegio. También sig­nifica la llegada de amigos y parientes, que no se ven desde hace tiempo, para recordar cosas, saber que no se está solo con el dolor y la pérdida, y reunirse con los miembros dispersos de la familia, así como com­partir públicamente el significado de la vida de la per­sona que se ha ido, el sentido que dio a nuestras vidas. Es un agradecimiento, un tributo en el que se com­parte públicamente la aflicción y la pena, el consuelo y la esperanza.El funeral es especialmente emotivo si la persona que se fue lo dispuso con antelación, como mi vieja amiga esquimal, quien sabiendo que se acercaba su fin, preparó sus platos favoritos, llamó a todas sus amistades, y dejó su cuerpo, no sin antes ponerse suvestido favorito y hacer regalos a todos ellos. En esos casos el funeral se puede convertir en una verdadera celebración de la vida, porque todos los asistentes sa­ben que el amigo estaba preparado para su último viaje y que pensó en el festejo con antelación.Últimamente es cada vez más frecuente que los niños expresen sus deseos de preparar su propio fu­neral. Sobre todo los adolescentes, quieren saber an­tes qué ropa llevarán puesta, qué música se tocará, quién hablará y a quién invitar especialmente. Ni que decir tiene que esas preparaciones requieren una fa­milia o unos buenos amigos bien preparados, que acepten la muerte inminente y se comuniquen abier­tamente, cosa cada vez más habitual.Hemos conocido innumerables casos de niños que tuvieron una muerte súbita, inesperada, muchas veces violenta, y que habían hablado de esos temas antes de morir, lo cual implica que inconscientemente conocían la probabilidad de morir pronto. Es posible que esto haya sido siempre así, pero sólo en los últi­mos años los adultos se han fijado en ello, en vez de seguir haciendo caso omiso por incomodidad o su­perstición.Como dijimos antes, en los casos en que hay que enfrentarse a la muerte súbita de un ser querido es primordial ver el cuerpo. Se pueden cubrir fácilmente las partes mutiladas, y al pariente debe acompañarlo un buen amigo compasivo que no sienta temor. Se debe posibilitar la expresión de las emociones y eli­minar los calmantes, pues sólo encubren el dolor y aplazan innecesariamente las reacciones y el proceso del duelo.Aunque en muchos sitios de nuestro llamad mundo civilizado no se puede tener al difunto en ca hasta el momento del funeral, se ha demostrado qu es una forma terapéutica de tratar la muerte de un ser querido. No sucede así al trasladar de inmediato el cuerpo al depósito de cadáveres y la consiguiente y muchas veces extremadamente dolorosa vista o iden­tificación del niño muerto, que se saca de una cámara frigorífica en un lugar frío e impersonal, poco propi­cio para el alivio o la compasión.Los parientes más cercanos por lo menos deben tener la posibilidad de lavar, vestir y peinar al niño; mecer al bebé o coger al mortinato hasta que se está preparado para dejarlo; llevar al niño muerto hasta el coche, o conducirlo hasta el velatorio o el lugar indi­cado, si no se puede tener en casa. Los padres, abuelos y hermanos deben disponer de su propio tiempo para darle su último adiós al amparo de la curiosidad de los presentes y de los bienintencionados vecinos y ami­gos. Los hermanos deben disponer de un tiempo para ellos solos, acompañados preferentemente de una persona que ellos elijan, con la que se sientan cómo­dos y a la que puedan hacerle preguntas sin avergon­zarse. Algunos directores de funerales colaboran en gran manera, mientras que a otros no les gusta en ab­soluto que los niños toquen a su hermano o hermana muertos, ni sus preguntas sobre el maquillaje o sus comentarios sobre la necesidad de calzar al finado. Conviene abordar estos aspectos lo antes posible, dando a conocer las necesidades y deseos de los fami­liares antes de que se produzcan escenas desagrada­bles fáciles de evitar.Muchas parejas jóvenes y sobre todo chicas sol­teras y sin recursos que tienen un mortinato nos pre­guntan con gran dolor, vergüenza y desconcierto el coste del funeral por su hijo. Quieren que su bebé tenga un «funeral decente» pero apenas tienen sufi­ciente dinero para sobrevivir. Siempre les aconseja­mos que hablen con el asistente social o capellán del hospital y, si la institución donde tuvieron al niño no los ayuda, la funeraria local, los amigos o los vecinos han demostrado ser notablemente solidarios y sensi­bles. Si se les recuerda que no entierran al «bebé», sino su «capullo», muchos dejan de sentirse culpables por no haber podido pagar un verdadero funeral.Los padres divorciados y separados cuyo hijo muere, tienen otros problemas y, dado que su núme­ro crece día a día, vale la pena considerar algunos as­pectos sobre estos casos concretos. Los niños de pa­dres divorciados que vivieron alternativamente con el padre y la madre —y con padrastros o madrastras— suelen ser enterrados en el lugar en que se sentían más en casa y tenían más amigos, donde iban al colegio y contaban con lo que un padre denominó su «cuartel general».El padre o la madre divorciado en cuya custodia ocurre el óbito, tiene la ventaja de estar ahí, de poder ver el cuerpo y de contar con un apoyo por parte del sacerdote o del rabino, de los maestros y el director del colegio del niño, de sus compañeros de clase y de juegos y, más de una vez, de una enfermera, un con­ductor de ambulancia, un médico de urgencias, o un policía local que comparten, aunque sea verbalmente, su pérdida. También están los que fueron testigos delos últimos incidentes o palabras del finado, y se con vierten en un puente entre el niño vivo y muertoEl padre o la madre divorciado que vive fuera d la ciudad carece de todos esos vínculos. Sus senti­mientos de culpabilidad, pena y conmoción suelen ser más intensos, puesto que ni siquiera le pudo dedi­car una última mirada. Alguien de la familia debe prestar especial atención a ese padre o esa madre apoyarlo y procurar que pueda ver el cuerpo por últi­ma vez antes de que lo incineren, lo donen a una fa­cultad de medicina o lo entierren en un ataúd. El no poder participar en la realidad del entierro, puede causarle una tristeza patológica, como la que muchas veces sobreviene tras una muerte súbita en la que no se recupera el cuerpo o éste no se puede ver, como en un accidente de avión o una muerte por ahogo (véase el capítulo 3).En Death, the Final Stage of Growth, pedimos al director de ceremonias funerarias que compartiese con nosotros la nueva forma en que se había sacado el cuerpo de un niño de una casa y el hecho de permitir que los padres ayudasen a preparar el cuerpo del niño. Aunque ese nuevo modo de ayudar a los padres en una muerte repentina aún no es muy usual, es de esperar que cada vez haya más organizadores de fu­nerales que sigan esa tendencia y se conviertan en lo que deberían ser: una persona más de la profesión de ayudante.Como si se tratase de un regreso a tiempos pasa­dos, y más sencillos, se insta a los padres a lavar y ves­tir el cuerpo del niño. Se permite que el padre o la madre —generalmente lo hace el padre— lleve el cuerpo del niño hasta el coche y lo conduzca hasta el depósito de cadáveres, la capilla ardiente y el lugar ¿el velatorio. No es lo mismo que si un extraño lleva el cuerpo en una bolsa y lo mete de forma impersonal en la parte trasera de ese peculiar coche negro.Los padres pueden peinar por última vez el cabe­llo de su hija, cantar una nana a su bebé, coger y me­cerlo por última vez hasta que puedan dejarlo ir. Se trata de su ritual privado de cogerlo, abrazarlo, llorar, cantar y finalmente dejar sus restos terrenales a quien se haga cargo de ello para el funeral.Cuando esto se hace así, a los padres les resulta más llevadero el emotivo encuentro con sus parientes y el guiarlos hasta el féretro. Muchos compañeros escolares y de juego también contribuyen significati­vamente al último ritual al acudir al velatorio o al fu­neral con dibujos hechos por ellos u otros niños, en­tonando juntos una canción, o visitando más tarde a los padres, como hacían antes, cuando pasaban a re­coger a su amigo.Un joven al que conocí poco antes de su muerte, luchó valientemente contra su cáncer. Él mismo re­dactó la invitación para su funeral, en consonancia con el espíritu independiente del que hizo gala en vida. En el dorso de su fotografía se lee: «He partido para mi viaje más largo: ven a despedirte». A conti­nuación el joven indicaba la fecha y el lugar del fu­neral.Otros expresan sus deseos de que no hagan un fune­ral sino una reunión de amigos, donde éstos cantensus canciones favoritas y celebren el corto tiempo que pasaron juntos.Muchos padres, sobre todo en las zonas rurales donde afortunadamente aún se conservan viejas cos­tumbres, han sentido una grata emoción cuando sus amigos, padres o vecinos se ponían de acuerdo para hacer el ataúd. Para los amigos es una oportunidad de participar activamente y aliviar así el dolor, el propio y el de la desolada familia. Un abuelo octogenario lo expresaba con estas hermosas palabras:«Hace tiempo que no hago nada de carpintería y las manos se me han atrofiado bastante. Pero, cuando nos arrebataron a mi nieto de manera tan inesperada y cruel, lo único que podía hacer por él y por mí era construirle su pequeño ataúd. El cortar la madera me ayudó a dar rienda suelta a mi rabia y, cuando di los últimos toques a su cajita…, sentía amor por él… y por el mundo. Por lo menos tuve un nieto durante una década. Otros no tienen ni eso.»Los hermanos tienen una forma maravillosa de ha­cerle un regalo de despedida poniendo, muchas veces en secreto, un juguetito o una nota de cariño debajo de la almohada del ataúd. Los hemos animado a elegir esos regalitos y las elecciones son sorprendentes y emotivas. La pequeña Sue escogió un rompecabezas que su hermano había comprado poco antes de per­der la vista por un tumor cerebral. Rich estaba mo­lesto porque nunca podía completar su «obra de arte», como lo llamaba. Sue me dijo sin dudarlo que ahora Rich podía ver otra vez y que probablementeestaría contento de poder terminarlo «al llegar al Cie­lo»- A pesar de que Sue sólo contaba siete años de edad, había ayudado a cuidar a su hermano las últi­mas semanas de su vida en casa y estaba bien prepara­da para su muerte. Había pasado horas en la cabecera de su cama, contándole lo que ocurría en la escuela y en la televisión, y explicándole incluso detalles como la llegada de las primeras nieves, que su hermano no podía ver.A ella y a su hermana mayor les habían pedido que organizaran la participación de los compañeros de clase de Rich en el funeral. Con los profesores y un comprensivo director de ceremonias funerarias (que hacía unos años había perdido un hijo de corta edad) dispusieron el funeral de Rich, para alivio de su ma­dre, quien, al no contar con el padre del niño, estaba agotada, por lo que se alegró de que le ofreciesen esa ayuda.Los funerales son muchas veces un momento en que la familia comparte los poemas escritos por sus hijos y expresa una filosofía de vida que han aprendido de su hijo moribundo, y se produce una apertura en la conciencia de los que participan en ello: el incipiente amanecer de la conciencia se produce a veces al com­prender que: «Un barco que se pierde en el horizonte, no desaparece, sino que sólo está temporalmente fuera de nuestra vista».Puesto que la gente de este planeta es cada vez más consciente de ello, en un par de decenios las per­sonas de todos los credos, culturas y países sabrán que su vida en la Tierra es sólo una parte pequeña,aunque la más difícil, del largo viaje que comienza en el origen que llamamos Dios, y nos conduce de re­greso hacia la morada final de paz, hacia Dios.Un amigo suizo compartió conmigo su com­prensión de la muerte en la vida. Se corresponde tanto con mi propia comprensión de la vida y la muerte que le pedí que me permitiese incluirlo completo en este libro. Ojalá ayude a muchas personas a aceptar y co­nocer el breve espacio de tiempo que tenemos juntos para compartir, disfrutar, aprender, crecer y, lo más importante, amarnos los unos a los otros incondicio-nalmente.Esto es lo que creoSobre la vidaVive día a día, pero vive cada día como si fuera el último.Rezo para pedir:volverme un poco más valiente para afrontar las prue­bas de la vida, sin dudar de los altos ideales que me forjé;enfrentarme a la vida sin miedo, volverme más pa­ciente con los que desfallecen y se apoyan en mí; sacar provecho de los errores que cometí y dejar que se diluyan en mi memoria. ser siempre leal con los que confiaron en mí. Por eso, divino Señor, suplico poder demostrar que el presente vale la pena.La actividadNunca pospongas algo porque parezca desagra­dable. Puede no ser así; pero, si lo es, sentirás una hon­da satisfacción cuando lo hayas terminado.las buenas accionesTrata de hacer cada día una buena acción para al­gún semejante, pero sin esperar reconocimiento.Mis propios asuntosProcuro mantenerme siempre tan ocupado lim­piando el templo de mi alma que no tengo tiempo para escuchar las notas discordantes del carillón del templo de mis vecinos.Sobre la toleranciaNo basta con ser tolerante, hay que ser imparcial y libre de prejuicios.Sobre las religionesPara mí, las religiones son como los radios de una rueda, todos conducen al eje: a la unidad con Dios.La hermandad de todos los hombresEl que evalúa a sus semejantes basándose en la raza, el credo o el color, pone de manifiesto sus pro­pias carencias y su incompetencia, o padece un des­equilibrio emocional. Esas distinciones simplemente carecen de sentido para una persona competente y mentalmente sana. Después de todo, por sus hechos, y sólo por sus hechos, los conoceréis.Sobre los amigosPara tener un amigo, compórtate como un amigo.¡Sonríe!Procura sonreír siempre, no importa que sea sin mo­tivo. Otras personas tienen problemas. Deja que tu son­risa sea la ventana de tu alma a través de la cual la luz de ésta pueda brillar e iluminar las vidas de tus semejantes.¿Aspiras a tener una conciencia superior de 1 vida? Manten los dos pies en el suelo; los que son de masiado «espirituales» acaban en hospitales mentalesSobre la muerte y la inmortalidadMuchos temen a la muerte; pero sólo nos da mie­do lo que no comprendemos. El hombre sólo se asus­ta si es ignorante. El cuerpo es una morada para el alma, la cual lo utiliza para expresarse durante el tiem­po que se nos asigna a cada uno para este viaje terrenal que, a la luz de la eternidad, siempre es breve. Por consiguiente, sólo muere el cuerpo físico; lo que constituye el verdadero «Tú», «Yo» o «Nosotros» va directo a la vida. Morir sólo significa que desechamos el cuerpo del mismo modo en que podemos dejar a un lado un gastado abrigo o pasar de una habitación a otra. En el Eclesiastés, 12:7, leemos: «Polvo eres y a la tierra volverás; y el espíritu regresará a Dios, quien lo dio». Jesús dijo: «Te prepararé un lugar, para que donde esté yo también puedas estar tú». Y al ladrón que estaba en la cruz: «Hoy estarás conmigo en el pa­raíso».Víctor Hugo, el eminente escritor francés, escri­bió:«Soy un alma. Sé muy bien que lo que quedará en la tumba no seré yo. Lo que constituye mi yo, irá a otro lado.«Cuando baje a la sepultura diré, como muchos otros: “Por hoy he terminado mi trabajo”. Pero no puedo decir: “He terminado mi vida”. Mi trabajo co­tidiano comenzará a la mañana siguiente. La tumba no es un callejón sin salida; es una vía que se cierra con el crepúsculo y se abre al amanecer.     »No seamos ingratos con la muerte, seámosle justos. No es, como se ha dicho, una perdición y una trampa; es un error pensar que aquí, en la oscuridad de la sepultura, se nos acaba todo. Allí se vuelve a encontrar todo otra vez. La tumba es un lugar de res­titución, donde el alma se libera del cuerpo, de la ne­cesidad, de sus cargas y fatalidades y recobra su pleni­tud. La muerte es la mayor liberación, el paso más elevado; el que en la tierra no ha sido más que virtuoso se vuelve hermoso; el que ha sido hermoso se vuelve sublime.»Con el anochecer ha llegado el fin de mi viaje, y mi posterior resurrección en un plano de la vida más hermoso.»Y, en cuanto a ti —si me echas de menos—, en realidad no me he ido, sólo me he transformado, me he liberado de mi frágil envoltura, de mi cuerpo físico.“Pero te volveré a ver y tu corazón se regocijará” (Juan, 16:22).»Que nuestro Padre Celestial te conceda la paz de la comprensión; te bendiga, te guíe, te proteja y cuide de ti hasta que nos volvamos a encontrar.»

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CON UN PIE EN EL MUNDO-Acercamiento Buddhista a los Problemas Actuales

. LA FELICIDAD DE UN LAICO En la época moderna, la vida ha llegado a caracterizarse por ser particularmente problemática y esforzada. Si bien es un hecho que el estándar de vida ha mejorado generalmente, en la actualidad el hombre todavía sufre inmensamente bajo el peso de la vida. La condición física de hombre se ha reducido a un nivel tan patético que sucumbe anticipadamente a la muerte por enfermedades asesinas como el cáncer, insuficiencia cardiaca, diabetes, etc., hasta un grado sin precedentes. Mentalmente, está tan manejado por la tensión que ha olvidado el arte de la relajación, y no puede ni siquiera disfrutar el sonido del sueño sin la ayuda de tranquilizantes. En este escenario, las relaciones interpersonales han llegado a ser tan frágiles y vulnerables que la tasa de divorcio ha llegado a proporciones altamente alarmantes, dejando emerger así, toda una serie de diferentes problemas sociales como el descuido de los niños, la delincuencia juvenil, el suicidio, etc. Así tenemos que la vida ha llegado a ser una carga problemática, haciéndose muy necesaria una solución para hacer la vida más tolerable y disfrutable. Como la palabra del Buddha tiene valor eterno y su aplicación es universal, y como el Buddha predicó no sólo a monjes y monjas sino también al público laico por igual, es útil encontrar una enseñanza del Buddha que es relevante para nuestros problemas actuales. En el Pattakammavagga del Aæguttara Nikàya (A ll, 69) el Buddha predicó un sutta para Anàthapiäðika respecto a los cuádruples placeres de un laico. Nuestra considerada opinión es que este sutta ofrece la visión penetrante adecuada para responder también a las demandas de los problemas actuales. Los cuatro tipos de placer listados ahí son: Atthisukha, el placer de tener riqueza material; bhogasukha, el placer de disfrutar la riqueza material; anaäasukha, el placer de no tener deudas; y anavajjasukha, el placer de ser irreprochable. Ahora, discutamos individualmente cada uno de ellos y veamos cómo pueden enlazarse para llevar una vida feliz en el mundo actual. Atthisukha – El hombre no sólo debe tener un medio honrado de vida, evitando las actividades censurables como comerciar con carne, licor, veneno, armas de fuego y esclavitud, también debe tener una actitud saludable hacia su recta ocupación. Por ejemplo, si un doctor da la bienvenida a una epidemia en la localidad a fin de hacer mucho dinero, o si un comerciante espera calamidades naturales para elevar los precios del mercado, el dinero ganado por tales individuos sin escrúpulos no es un dinero honrado ya que sus intenciones son impuras e innobles. Tampoco deberá uno defraudar o explotar a otros para cumplir su trabajo. Al ejercer con gran perseverancia, uno debe ganarse su propio sustento, y esa riqueza ganada con el propio esfuerzo es llamada riqueza justa (dhammika dhammaladdha). De nuevo, uno podría tener una gran riqueza, pero si no se experimenta una sensación de contentamiento con lo que uno tiene, no podrá disfrutarse realmente de atthisukha o el placer de tener. Para dicha persona, el amasar riqueza es como tratar de llenar un barril sin fondo. Ésta es una de las difundidas dolencias que observamos en la sociedad actual. El aumento desordenado de la riqueza no llega a ser una fuente de felicidad, sino de ansiedad. Dicha riqueza expone al poseedor a los celos y maniobras de otros individuos sin escrúpulos, de ahí que, ocasionalmente, se produzca el chantaje y los raptos. Pero si uno tiene un medio honrado de ganarse la vida y también una correcta actitud hacia la riqueza, podrá escapar de muchas de las dificultades que acarrea el dinero, obstaculizando el despertar del hombre moderno. Bhogasukha – La riqueza sólo tiene un valor instrumental y el disfrute adecuado de la riqueza es un arte que amerita un cuidadoso cultivo. El buddhismo deplora tanto la extravagancia como el atesoramiento miserable. Uno debe mantener un estándar de vida balanceado y saludable de acuerdo con los propios medios. Si en el disfrute de la riqueza uno es sobreindulgente en los placeres sensuales, estará destinado a padecer daños en la salud al poco tiempo. Si, por ejemplo, uno es sobreindulgente en la comida sólo porque puede adquirirla, pronto sufrirá enfermedades como falla cardiaca, diabetes o presión arterial alta. Dicha persona enfrentará la situación de ‘cortar su cuello con su propia lengua’. En el buddhismo, la moderación en la comida es una reconocida virtud, además de ser un hábito promotor de salud. Con frecuencia, en el nombre del disfrute de la vida, el hombre cultiva hábitos no saludables como fumar o beber. Es paradójico que el hombre, que se ama a sí mismo más que nada, deba actuar como si fuera su peor enemigo, siendo indulgente con hábitos que lo reducen finalmente a su destrucción física. Está establecido médicamente que el tabaquismo causa el porcentaje más alto de cáncer en pulmones, y que la bebida causa daños irreparables a los órganos vitales del cuerpo. Si uno tan sólo se detuviera a considerar el propio bienestar y si tuviera por lo menos algún grado de compasión hacia sí mismo, no se dejaría atrapar en las garras de estos hábitos viciosos. El hombre rico con frecuencia termina en el lamentable aprieto de la hormiga que cayó en el frasco de miel. Tales hombres no conocieron el arte de disfrutar bhogasukha. Se preocupan por el cuerpo como un instrumento de placer, y utilizan y debilitan, a la doble velocidad del tiempo, la capacidad del cuerpo para disfrutar, mucho antes de que se de el proceso natural de desgaste. Si nos amamos a nosotros mismos, tenemos que tratar a nuestros cuerpos con el cuidado adecuado sin imponerle sobre indulgencias o privaciones. Con el cuerpo no sólo podemos disfrutar los placeres de los sentidos, sino también la bendición espiritual del Nibbàna. Otro aspecto del gozo de la riqueza es el arte de compartir. Sin ser un Adinnapubbaka, ‘un avaro’, si uno aprende a compartir las propias riquezas con el menos afortunado, uno tendrá la noble experiencia de ser feliz con el gozo del otro. Al mismo tiempo uno conocerá el amor y la buena voluntad de otros, en lugar de ser el blanco de celos e intrigas. Anaäasukha – El placer de no tener deudas es la tercera cualidad discutida en nuestro sutta. Económicamente, si uno puede estar completamente libre de deudas, uno será ciertamente una persona muy afortunada. En la sociedad, para estar realmente sin deudas, uno tiene que saldar escrupulosamente las propias obligaciones. Como asalariado uno tiene que cumplir con los propios deberes por los que se le paga, de otra forma puede quedar en deuda por el salario que obtiene. Como padre uno tiene que cumplir con las obligaciones para con los hijos. En nuestra sociedad, se enseña a los niños a respetar y ver por sus padres, y está bien tener en mente que los padres también tienen que calificar para recibir el honor que se les hace, siendo padres cumplidos. Es necesario hacer hincapié en que los padres que descuidan a sus familias como resultado de su adicción a vicios como la bebida y el juego distan, por mucho, de ser el ideal de no tener deudas. Uno puede tener la satisfacción de no tener deudas únicamente si se han cumplido las obligaciones personales en todos los roles sociales que uno tiene que desempeñar. Anavajjasukha – La satisfacción de llevar una vida irreprochable es la forma más alta de satisfacción que puede tener un laico. Cada sociedad tiene un código de ética que todos sus miembros deberán seguir. De acuerdo con el buddhismo, el código mínimo de ética que regula la vida de sus adeptos es pañcasìla, los Cinco Preceptos [1]. Si uno practica estas virtudes, puede tener la satisfacción de llevar una vida justa en extremo. El refrenarse de hacer a los otros lo que uno no quiere que le hagan es el principio básico subyacente en estas virtudes. El buddhismo habla de hiri y ottappa, el sentido de vergüenza y el miedo a actuar mal, como deva-dhamma o cualidades celestiales. Éstas son las cualidades básicas que diferencian al hombre del reino animal. A diferencia de los animales, el hombre tiene una consciencia que lo hace escrupuloso para hacer el mal. El buddhismo reconoce también la actividad mental irreprochable. Las actividades mentales que surgen de la avidez, el odio y la ignorancia son insanas y censurables. Veamos cómo dicha conducta mental es fuente de infelicidad. Tome, por ejemplo, el caso de una persona que está enojada. ¿Cuáles son los síntomas del coraje? Respiración difícil, frecuencia cardíaca acelerada, circulación sanguínea más rápida, sensación de calor, sudoración, trepidación, inquietud, etc. – éstas son las manifestaciones físicas del coraje. Estas experiencias físicas no son ciertamente confortables. Cada vez que se recuerda la causa del coraje, aún cuando las manifestaciones físicas del coraje puedan no ser tan marcadas, se siente fácilmente bastante inquietud y malestar mental. Nosotros utilizamos expresiones tales como ‘hirviendo de coraje’, ‘traigo el diablo por dentro’, etc. para significar el acto de enojarse, y estos dichos son literalmente expresivos de la situación. Simplemente no es posible estar enojado y contento al mismo tiempo. Una persona irritable es en realidad una persona muy triste, y lo que es peor, con la misma tristeza también infecta a quienes la rodean. El cultivo de modos sublimes de conducta como la benevolencia, la compasión, el regocijo por la alegría de otros y la ecuanimidad, en verdad, conducen a una vida feliz. Aquellas personas que viven con dichas actitudes, normalmente son personas agradables y amigables que pueden estar contentas en soledad tanto como en compañía. Si entendemos realmente el significado de los cuatro tipos de felicidad explicados en nuestro sutta, y si los traducimos en acción, la vida será mucho más placentera y feliz aún en esta época moderna._____________________________________________________________

Lily de Silva


Traducción española por Gloria Ávila
Revisado por Virginia Etienne