El Ojo del Tesoro -SHÔBÔGENZÔ- Budismo

El Ojo del Tesoro

Shôbôgenzô Kesei Sanshoku
“El Sonido del Torrente del Valle, la forma de las montañas”

DÔGEN ZENJI


SHÔBÔGENZÔ

Significación del título. Shô significa en chino y en japonés, verdadero, correcto, lo más alto, lo más grande, lo absoluto. significa Dharma, Verdad Eterna, inmortal, universal, inmutable. Por lo tanto, Shôbô quiere decir el principio más alto, la Verdad Absoluta, la esencia del Budismo. Buda afirmó “Esta es la única verdad del Dharma absoluto que yo he experimentado. Es el Nirvana y el Bodhi (satori) verdaderos, es mi espíritu original, mi verdadera pureza, mi verdadera naturaleza de Buda.”

Buda transmitió este Shôbô a su primer discípulo Mahakashyapa, que fue el único que lo comprendió en toda su exactitud y profundidad. Gen significa ojo, “glóbulo ocular”, el punto más importante, el principio esencial. Esto quiere decir al mismo tiempo despertarse, volver a la verdadera razón, a las condiciones normales del espíritu original y, finalmente, alcanzar el satori.
significa depósito, granero y tesoro.

Shôbôgenzô significa pues “El tesoro en el que se conserva la verdad más elevada, la más amplia, la más profunda, la esencia del Dharma, el espíritu del Buda.

SHÔBÔGENZÔ KEISEI SANSHOKU.
Muchos son los Budas y Patriarcas que han transmitido la Suprema Vía hacia la más alta iluminación y que han enseñado los métodos de práctica. Aún permanecen las huellas de nuestros predecesores que se dejaron la piel y los huesos estudiando y practicando la Vía. Debéis estudiar la vida del Segundo Patriarca Hui-ko (Eka), quien se cortó un brazo en con el fin de recibir la enseñanza, y no apegaros ni a un solo cabello de vuestro cuerpo.

Cuando alcancéis finalmente las diversas liberaciones a través de la práctica de zazen, todas las cosas que en el pasado eran oscuras debido a vuestra mente discriminativa, se os revelarán súbitamente claras. Ese instante de revelación de la Realidad no puede ser comprendido ni por vosotros ni por nadie. Ni siquiera el ojo del Buda puede verlo, ¿cómo podría ser comprendido por la mente humana ordinaria?

Una vez vivió un upasaka chino llamado Dongpo Soshi (Sotoba). Su nombre de familia era Su y su nombre oficial Shih. Su nombre en la corte imperial era Zizhen (Tzu-chan). Fue muy famoso. Estudió a los dragones y a los nagas en el océano del Budha-dharma y él mismo fue un dragón que nadó en el océano de las palabras sin ahogarse. Libremente, cuán dragón, sondeaba las profundidades y se elevaba hasta las más altas nubes. En cierta ocasión, estando en el monte Lu, alcanzó la iluminación al escuchar el sonido de los torrentes del valle cuando fluían en la noche. Con motivo de ello compuso un poema y se lo presentó al maestro zen Zhangzong.

El poema decía:
El sonido de los torrentes del valle
es Su voz omnipresente.
La forma de la montaña es Su cuerpo puro.
Anoche escuché la recitación de miríadas de sutras.
¿Cómo podría contárselo a los demás?”

El maestro Zong aprobó el poema. El maestro zen Zhangzong Zhaojue fue el heredero en el Dharma del maestro zen Huang-lun Hui-nan, quien a su vez heredó el Dharma del maestro zen Tz’u-ming Ch’u-yüan.

Más tarde, este upasaka encontró al maestro zen Fa-in Liao-yuan (Buchin Ryogen), quien le transmitió los Preceptos de bodisatva y la ordenación de monje. A partir de entonces, el upasaka vistió el kesa e hizo zazen.

En cierta ocasión le regaló a Fa-in una piedra incrustada de joyas preciosas de una belleza inimaginable. Cuando se supo, la gente rumoreó que un regalo así no podía proceder de un ser común sino de alguien muy especial.

El hecho de que Dongpo Soshi obtuviera la iluminación oyendo el sonido de los torrentes fue una gran bendición que se ha extendido hasta la actualidad. Es deplorable pero parece que la gente de hoy día carece de la habilidad para comprender que el sonido del valle y la forma de la montaña son una exposición del Dharma y manifestaciones ilimitadas del cuerpo del Buda. Si esta revelación del cuerpo del Buda es la exposición del Dharma, ¿cómo percibe la gente de hoy día la forma de la montaña y el sonido de los torrentes? ¿Oyen aunque sea una sola frase? ¿Oyen media frase? ¿Oyen miríadas de sutras? ¡Qué lamentable es que haya sonidos en los arroyos y formas en las montañas que nosotros no podamos oír, ni ver ni comprender! Sin embargo, es un motivo de alegría el que tengamos la oportunidad de crear las condiciones apropiadas que nos ayudan a experimentar la Vía en estos sonidos y en estas formas. Los sonidos nunca cesan y las formas nunca dejan de existir. ¿Quiere esto decir que cuando (la Realidad) se revela el Cuerpo está cerca y que cuando (la Realidad) se oculta, el Cuerpo no está cerca? ¿Vemos el Cuerpo completo o sólo la mitad? Dado que las primaveras y los otoños ya pasados se han convertido en montañas y en arroyos no podéis detectarlos en las montañas y en los arroyos. Los tiempos anteriores a esta noche se han transformado en montañas y en arroyos. Los bodisatvas que practican la Vía en esta época deben comenzar su estudio sabiendo que las montañas fluyen y los arroyos no.

Durante la noche anterior a su iluminación, Dongpo Soshi había interrogado al maestro Zong acerca de la enseñanza según la cual los seres no-sintientes están continuamente predicando el Dharma, pero no había obtenido una experiencia significativa al escuchar la explicación del maestro. Sin embargo, cuando durante la noche siguiente, oyó el sonido del arroyo las olas encrespadas tocaron los cielos. El sonido dejó atónito al upasaka, pero ¿fue el sonido del arroyo o fue el sonido del fluir del maestro Zong? Lo más seguro fue que la discusión con el maestro acerca de la enseñanza predicada por los seres no-sintientes no hubiera concluido. Las palabras del maestro se fundieron en la conciencia del upasaka con el sonido nocturno del torrente del valle. Unos dirán que fue una sola agua o el océano de la Unidad, la Unidad del agua del Dharma y del agua de los arroyos. Si examinamos el asunto detenidamente podemos preguntarnos si fue el upasaka quien alcanzó la iluminación o fueron las montañas y los arroyos quienes la alcanzaron. Si todo el mundo tiene ojos para ver y oídos para escuchar, todo el mundo puede ciertamente oír Su voz y percibir Su cuerpo puro.

En otra ocasión, cuando el maestro zen Hsian-yen Chih-hsien (Kyogen Shikan) practicaba la Vía con el maestro Ta-wei Ta-yüan (Dai’e Daien), éste último le dijo:

- “Eres muy inteligente y parece que lo comprendes todo. Respóndeme a esta pregunta sin recurrir a tus tratados de erudición: ¿qué eras antes de que concibieran tus padres? Respóndeme con una sola frase propia de la Vía”.

Por mucho que lo intentó, Hsiang-yen (Kyogen) no pudo encontrar ninguna respuesta. Olvidando su propio cuerpo y su propia mente se entregó a la búsqueda de la respuesta. Consultó los libros que había acumulado a lo largo de los años pero de nada le sirvió. Así que prendió fuego a todos sus preciosos libros y se dijo: “Un pastel de arroz pintado en un cuadro no satisface el hambre. Ya no buscaré más la Vía del Buda en los libros. Mi única práctica consistirá en servir el arroz a los monjes”. Después de esto pasó muchos años sirviendo la comida a los monjes. La expresión “monje sirviente” se le aplica a quien sirve los alimentos a los monjes que están practicando. Es un puesto similar al de camarero en nuestro país.

Un día le dijo a Ta-wei (Dai’e):
Mi mente está confusa y no puedo hablar. Venerable maestro, dígame algo que me ayude.
Ta-wei le respondió:
Desafortunadamente no puedo decirte nada. Si te dijera algo me guardarías rencor en el futuro.

 

Muchos años después, Hsiang-yen se dirigió a la montaña Wu-tang (Butô), en busca de las huellas del maestro nacional Ta-cheng (Daishô). Cerca del monasterio de éste se construyó una choza de paja y se instaló en ella. A su alrededor plantó unas matas de bambúes.

Un día, mientras barría el sendero, un guijarro voló y fue a dar contra uno de los bambúes. Al escuchar el sonido que se produjo obtuvo súbitamente la iluminación. Se bañó, se purificó, regresó a la montaña de Ta-wei y quemó incienso ante el maestro, prosternándose ante él y presentándole sus respetos. Le dijo:

- Venerable maestro Ta-wei, si me hubiera contestado en aquella ocasión, ¿cómo habría podido experimentar lo que he experimentado? La profundidad de tu benevolencia excede incluso a la de mis propios padres.

Y compuso este poema:

“Todo lo que sabía desapareció con el sonido de una piedra.
¿Qué me queda por practicar? ¿En qué tengo que esforzarme?
Fluyendo sin esfuerzo recorro la Vía de los antepasados.
No siento dependencia alguna.
Dondequiera que esté no dejo huellas.
Mi conducta está más allá de las formas y de los sonidos.
Aquellos que han alcanzado la iluminación
son conocidos como “de talento superior”

Presentó este poema a Ta-wei quien le dijo

-“¡Es grande la profundidad que has alcanzado!”

El maestro zen Ling-yüan Chih-ch’in (Reiun Shigon) practicó la Vía durante treinta años. En cierta ocasión, estando paseando por las montañas, pasó por los pies de una colina y vio que se trataba de un lugar habitado por gente. Se acercó. Era primavera y los cerezos estaban florecidos. Al contemplar las flores de cerezo alcanzó súbitamente la iluminación. Compuso un poema y se lo presentó a Ta-wei. El poema decía:

“Durante treinta años he buscado al hombre de la espada.
¿Cuántas veces habrán caído las hojas y se habrán roto las ramas?
Después de contemplar el cerezo en flor,
no hay duda alguna sobre nada”.

Ta-wei dijo:

- “Aquel que entra en la Vía de acuerdo a las circunstancias no retrocede nunca más”.

En otras palabras, reconoció su iluminación. ¿Ha habido alguna vez alguien que no haya alcanzado la iluminación de acuerdo a las circunstancias? ¿Hay alguien que se haya salido alguna vez de la Vía? Y no me refiero solamente a Chih-ch’in.

Chih-ch’in heredó finalmente el Dharma de Ta-wei. Si las formas de las montañas no fueran el cuerpo puro del Buda ¿cómo podría haber ocurrido algo así?

Un monje discípulo de Chang-sha Ching-ch’en (Chosa Keishin) le preguntó:

- “¿Cómo puedo unificar las montañas, los ríos y la gran tierra conmigo mismo?”

El maestro le contestó:

- “¿Cómo puedes unificarte tú mismo con las montañas, los ríos y la gran tierra?”

Esto significa que no sois más que vuestro Sí Mismo. Siendo esto así, poco importa que seáis vosotros los que os unifiquéis con las montañas, los ríos y la gran tierra, o que sean la gran tierra, los ríos y las montañas los que se unifiquen con vosotros. En cualquiera de los dos casos, no hay separación alguna entre lo que se unifica y aquello en lo que se unifica.

Huang-chao, el gran maestro Hui-chüe del monte Lang-yéh, fue descendiente lejano en el Dharma de Nan-yüeh. En cierta ocasión en la que Tzu-hsüan estaba impartiendo unos teishos, le preguntó:

- “¿Cómo convertir instantáneamente nuestra Pura Naturaleza Original en montañas, en ríos y en la gran tierra?”

Hui-chao le respondió preguntándole a su vez:

- “¿Cómo nuestra Pura Naturaleza original crea instantáneamente las montañas, los ríos y la gran tierra?”

No debéis equivocaros pensando erróneamente que la Pura Naturaleza Original de las montañas, de los ríos y de la gran tierra es el mundo natural de las montañas, los ríos y la gran tierra. Aquellos que se contentan con manosear los sutras y que nunca, hasta ahora, habían oído esto no comprenden que las montañas, los ríos y la gran tierra son las montañas, los ríos y la gran tierra. Debéis comprender que si la Pura Naturaleza , vuestro rostro original, no fuera las formas de las montañas y los sonidos del río en el fondo del valle, la transmisión del Dharma enseñado mediante una flor no hubiera tenido lugar, ni nadie habría obtenido la médula de Bodhidharma. Debido a los méritos de la forma de las montañas y de los sonidos del río, el mundo y todos los seres sensibles alcanzan la iluminación al mismo tiempo y, como el mismo Buda, contemplan la estrella de la Mañana y se convierten todos en Buda.

Estos de los que hablo eran seres superiores, de espíritus extremadamente profundos que buscaban la Vía. Nosotros , los que vivimos en la época actual, debemos usar sus acciones como modelo para nuestros propios esfuerzos. Los verdaderos buscadores de la Vía deben desarrollar una actitud así sin ocuparse de la fama ni de la fortuna. En este momento y en este lugar, desde el país del Buda Sakiamuni hasta aquí, es difícil encontrar verdaderos buscadores de la Vía. No digo que no existan, pero no se los encuentra a menudo. Muchos, aunque abandonen el hogar familiar y den la impresión de que se han alejado del comportamiento mundano, sólo usan la Vía con el fin de obtener fama y riqueza. Es vergonzoso. Es deplorable que produzcan un karma tan malvado ignorando el tiempo (la fugacidad y la retribución kármica). Si bien es cierto que en algún momento podrían abandonar su perversidad y alcanzar la Vía, por el momento no aman al verdadero dragón aunque encuentren a un verdadero maestro. Sakiamuni Buda se refirió a este tipo de gente llamándola “ejemplos lamentables de la humanidad”. Tales personas han caído en ese estado debido al mal karma de sus existencias anteriores. Debido a que carecen del espíritu que busca el Dharma por el Dharma mismo, cuando encuentran a un verdadero dragón dudan de este dragón verdadero que tienen frente a ellos y, por lo tanto, son destruidos por él. Dado que su cuerpo y su mente, sus huesos y su carne no han nacido de acuerdo al Dharma, no se sienten inclinados hacia el Dharma y no pueden aceptarlo.

La Vía ha sido transmitida de maestro a discípulo una y otra vez, sin error, hasta la actualidad. Al corazón que aspira a la Iluminación se le considera en la actualidad como un sueño del pasado. ¡Qué lamentable es que a pesar de haber nacido en la Montaña de las Joyas Preciosas, nadie sepa nada de ella ni la haya visto nunca! ¿Cómo pretendéis conseguir el tesoro del Dharma? Si despertéis la aspiración al Despertar, aunque hayáis nacido en un de los seis reinos de existencia ( ), o en una de las cuatro formas de vida ( ), lo que determinará las circunstancias de vuestro futuro renacimiento en una vida próxima será vuestra práctica del Dharma y los votos que habéis formulado de alcanzar la Iluminación. Así , aunque se dice que los días y los meses del pasado permanecen eternamente en el pasado y se han ido para no volver, nuestra vida presente aún no ha concluido. Debéis pues formular este voto sin perder más tiempo. Este voto es el siguiente:

“Yo y todos los seres vivos, en esta vida y en todas las vidas futuras, buscaremos el Dharma y cuando lo oigamos no dudaremos. Nuestra fe en él será inquebrantable. Cuando entremos en contacto con el verdadero Dharma abandonaremos el comportamiento mundano y recibiremos y aceptaremos este Dharma verdadero. Con el tiempo, la gran tierra y todos los seres sensibles alcanzaremos la perfecta budeidad”.

Si hacéis un voto así sembraréis las condiciones adecuadas para que surja en vosotros la aspiración al Despertar. No seáis negligentes en esto. Japón está muy lejos de los países extranjeros y los japoneses son extremadamente ignorantes. Ni en el pasado ni en el presente ha nacido aquí gente santa ni gente verdaderamente inteligente. Tengo que decir además que hasta ahora no ha habido verdaderos seguidores del Budadharma. Cuando aquellos que ignoran la aspiración al despertar tratan de comprenderla, los buenos consejos hieren sus oídos, guardan resentimiento a los demás y no reflexionan sobre ellos mismos.

Por lo que se refiere a nuestra propia práctica, no dejéis que los demás conozcan vuestros votos, ni vuestra aspiración al despertar ni vuestra práctica. Practicad de tal forma que no se sepa. No habléis de ello. Muchas de las personas que hoy en día no buscan realmente la Vía, ni practican con el cuerpo ni iluminan su mente son, no obstante aduladas por los demás y consideradas como personas cuya práctica e iluminación han sido consumadas. Todo esto no es más que ilusión dentro de la ilusión. Esta confusión debe cesar.

Esta aspiración del corazón ha sido transmitida de Patriarca en Patriarca como la Brillante Luz del Buda o como la Mente del Buda. Desde los días en el que el Tathagata estuvo en el mundo hasta ahora, siempre han existidos aquellos que sólo se han preocupado de obtener fama y riqueza sin importarles la práctica de la Vía. Muchos de ellos, cuando entraron en contacto con un verdadero maestro, transformaron su aspiración y comenzaron a buscar realmente el Dharma, alcanzado por último la Vía.

Debéis saber que, cuando se practica la Vía, pueden surgir ciertos problemas. Por ejemplo, podéis ser como aquellos que tienen “actitud de principiante”, como aquellos que despierten la aspiración al Despertar, o como aquellos cuya práctica es madura. Tal vez tengáis también la oportunidad de dar la enseñanza a los demás y de transmitir la Vía. O puede que no. Podéis ser de aquellos que aman la enseñanza, que la aprenden, o puede que seáis todo lo contrario. Simplemente un demonio alejado de la Vía. Pero , seáis como seáis, no os apeguéis a nada ni os alteréis por nada.

La gente de hoy día siente indiferencia hacia el apego y la angustia. Ello es debido a que desconocen la acción de los tres venenos: el deseo, el odio y la ignorancia. No debéis olvidar nunca la determinación que teníais cuando surgió en vosotros por primera vez la aspiración al Despertar y el deseo de seguir la Vía del Buda. Una vez que ha surgido en vosotros la aspiración al Despertar, debéis buscar el Dharma para beneficio de los demás y abandonar la búsqueda de la fama y de la riqueza. No deseéis fama ni fortuna (reconocimiento y comodidad). Desead sólo la realización de la Vía. Por lo tanto, no debéis esperar el respeto de los reyes de la nación ni el de sus gobernantes. No esperéis ser honrados por ellos. Es cierto que en el pasado muchos monjes fueron honrados y respetados por los reyes y sus ministros, pero ellos no hicieron nada para obtener tal respeto. No lo buscaron. Si queréis practicar el Dharma, debéis cuidar que los honores de los hombres y de los dioses no os limiten.

Mucha gente estúpida, a pesar de que busca la Vía, pierde su determinación original rápidamente y se extravían corriendo detrás de los honores de los hombres y de los dioses. Se regocijan de haber llegado tan lejos como se puede llegar en la práctica del Dharma. Cuando los ministros y los gobernadores muestran su inclinación de entrar en el refugio de los Tres Tesoros, estas personas piensan para sí que el Dharma ya ha florecido en toda su plenitud. Esta es una de las actitudes demoníacas que aparecen cuando uno practica la Vía. No debéis ser negligentes por debilidad ante los reyes y ministros.

¡Oh, monjes, abrid bien los ojos! Los sabios nos han dicho que, incluso en tiempos del Buda, muchos profanaban el Dharma citando las palabras luminosas del Buda. Aunque decían que seguían el Dharma, en realidad, le estaban causando un gran daño. La gente estúpida no comprende la preciosa naturaleza de la Vía del Buda. Por eso la dañan. A pesar de todo, estos individuos, parecidos a animales, son considerados como sabios por mucha gente. También leemos que muchos Patriarcas indios fueron insultados por los reyes seguidores de pequeño vehículo. Esto no sucedió así porque estos reyes fueran superiores ni porque los injuriados carecieran del conocimiento de los Budas. Cuando Bodhidharma llegó a China procedente de la India permaneció en el monasterio Shao-ling. Ni siquiera el emperador Wu de Liang supo de él. Ni tampoco el emperador Wei. En aquel tiempo había dos perros llamados Bodhiruci y Hui-kuan, el maestro del Vinaya, expertos en escrituras. Dado que las bases de su buena reputación eran falsas tuvieron miedo de los verdaderos seguidores del Dharma y, sabiendo que sus propias enseñanzas serían oscurecidas como el sol tras las nubes, trataron de injuriar las verdaderas enseñanzas. Estos dos personajes fueron temidos por los verdaderos seguidores de la Vía más que a Devadatta, que vivió en la época del Buda. Es triste pero fue así. La fama y la fortuna que tanto anhelaban eran odiadas por Bodhidharma más incluso que la suciedad y los excrementos. No debéis pensar, no obstante, que esta situación apareció por deficiencia del Dharma. Siempre ha habido perros que han ladrado a los hombres buenos. No os inquietéis por los perros ladradores, no guardéis resentimiento hacia ellos. Por el contrario, haced el voto de guiarles, de acuerdo al pasaje del Brahmajala sutra ( ) que dice:

“Aunque hayáis nacido como perros, debéis generar en vuestro corazón la aspiración al Despertar”.

Nuestros predecesores dijeron al respecto:

“Son como animales con rostros humanos”.

También encontramos entre esos animales con rostros humanos algunos demonios que toman refugio en los Tres Tesoros y los honran. El Buda dijo:

“No debéis asociaros con reyes, ni príncipes, ni gobernadores, ni ministros, ni altos dignatarios, ni brahmines ni jueces”.

Verdaderamente no debemos olvidar esta manera de practicar. Practicando de esta manera, los méritos se acumularán en aquel que comienza a practicar la Vía con el espíritu de bodisatva.

El gran dios Chakra (Indra) ha aparecido en esta tierra desde el pasado remoto para probar el espíritu de aquellos que buscan la Vía. También Mara ha aparecido para perturbar a sus practicantes. Esto sólo ocurre cuando los buscadores de la Vía no abandonan el deseo de fama y riqueza. Cuando uno hace el voto de salvar a todos los seres, conduciéndoles a la orilla de la Iluminación, con gran compasión y sabiduría profunda, el deseo de fama y riqueza no aparece. El poder de la propia práctica es suficiente para que el Budhadharma se expanda por todo el país. Este esfuerzo produce un buen karma. Lo más importante es comprender y experimentar el espíritu básico del Budhadharma en el interior del propio ser. Debéis penetrar la verdad y no estar ciegos. Los ignorantes que se deleitan con la conversión del Regente son como perros estúpidos lamiendo huesos secos. El sabio evita esta situación de la misma manera que las personas ordinarias evitan los excrementos.

La profundidad del Budhadharma no puede ser medida por el razonamiento o las conjeturas de los novicios. Sólo aquel que ha alcanzado la etapa última de la iluminación puede clarificar el sentido de la Vía. Nuestra práctica tiene que estar basada en la de nuestros predecesores. Así podremos ascender los peldaños del Budhadharma y atravesar el océano turbulento de la vida. Esto quiere decir que tal vez tengáis que escalar las montañas más altas y cruzar océanos profundos con el fin de encontrar un verdadero maestro y preguntarle acerca de la Vía. Si llamáis a las puertas de un buen maestro, o solicitáis la ayuda de un amigo de bien, ellos descenderán de los cielos y aparecerán en la tierra. Un buen maestro puede guiaros en cuerpo y mente, a través de las condiciones de lo viviente y de lo no-viviente, a través del ser y del no-ser. Podréis oír sus enseñanzas con los oídos, que es la manera habitual de hacerlo, pero también podréis oírla con los ojos (de la sabiduría). Cuando te encuentras con un Buda puedes ver el Buda en ti mismo y también en los demás. Puedes encontrarte con Budas grandes o pequeños. No te alteres cuando ves a un gran Buda y no te preocupes si encuentras a uno pequeño. Estas formas diversas de Budas están en el sonido de los torrentes y en las formas de las montañas. Cuando realices esto oirás la gran proclamación de los 84.000 sutras, alcanzarás la completa libertad y una gran iluminación. “Cuando miras a tu alrededor, tu visión se expande sin límites, como una roca inmóvil. El maestro zen Tendo Nyojo dijo: “Un cielo vacío sin fin fluyendo eternamente”.

Otra metáfora: las agujas verdes de los pinos en primavera o la gloria del crisantemo en otoño son la forma real de la verdad. Cuando un verdadero maestro alcanza este nivel de iluminación se convierte en maestro de los seres humanos y de los dioses; pero si tratas de guiar a la gente sin haber alcanzado antes la iluminación, no encontrarás más que oposición. Si no conoces la forma real de las agujas de los pinos en primavera ni la gloria del crisantemo en otoño ¿cómo puedes encontrar el sentido real de su existencia? ¿Cómo puedes penetrar tu propio ser original?

Si eres física y mentalmente perezoso y falto de fe necesitas confesarte y arrepentirte ante el Buda y mostrar tu resolución. La virtud del arrepentimiento purifica el corazón; también fortalece la fe ya práctica. Cuando la fe pura se manifiesta cesa inmediatamente la discriminación entre uno mismo y los demás dando lugar a la igualdad y la armonía. La gran compasión del Buda también emerge de la fe y sus virtudes benefician e influencian a todos los seres sensibles y no-sensibles. La fórmula general para la práctica del arrepentimiento es la siguiente:

“¡Oh, Budas y Patriarcas iluminados gracias a la realización de la Vía del Buda! Tened compasión de mí y liberadme de mi mal karma acumulado debido a mis malas acciones del pasado. Ayudadme a eliminar todos los obstáculos en mi práctica del Budhadharma. Las virtudes de la Vía del Buda llenan todo el universo entero. Por favor, tengan compasión de mí y recuérdenme que todos los Budas y Patriarcas del pasado fueron igual que yo soy ahora. Hago el voto de seguir la Vía verdadera. De esta manera yo también podré llegar a ser un Buda.

Cuando respetamos al Buda nos volvemos parecidos a él. No hay diferencia entre nuestra resolución y la suya. Tenemos que ver dónde y cuando se dan las mejores condiciones para extender la compasión en las diez direcciones. A veces es posible, otras no.

Tendo Nyojo decía:

“Aunque no hayamos alcanzado la iluminación en nuestras vidas pasada, en esta sí podamos alcanzarla. Antes de que nuestros predecesores alcanzaran la iluminación fueron como nosotros somos ahora; por lo tanto, cuando nosotros alcanzamos la iluminación nos hacemos uno con ellos”.

Debéis reflexionar profundamente sobre este verso de Nyojo. Asumid la responsabilidad de vuestra propia iluminación. Si os arrepentís de esta forma recibiréis sin lugar a dudas la ayuda de todos los Budas (aunque no podáis percibirla). Concentrad vuestros pensamientos, disponed adecuadamente vuestro cuerpo, vaciad vuestra mente, postraos y, en gasshô, arrepentíos de vuestros errores pasados y de vuestras malas acciones. El poder del arrepentimiento disolverá los errores y sus consecuencias. Esta práctica es pura y genuina. Esta es la verdadera fe manifestándose en vuestro cuerpo. Entonces podréis oír los 84.000 sutras procedentes de los arroyos del valle y de las formas de las montañas. Cuando te confiesas ante el Buda, dejando a un lado el deseo de fama y de riqueza, los arroyos del valle y el color de las montañas no os negarán nunca la enseñanza de la Vía del Buda. No obstante, el hecho de que el sonido del arroyo del valle y el color de las montañas manifiesten 84.000 sutras o no, es algo que está más allá de la capacidad de la mente discriminativa. Aunque no podamos oír su enseñanza, su enseñanza está siempre ahí.

Si vosotros mismos, que sois los arroyos del valle y el color de las montañas, no podéis generar el poder que ilumina la verdadera realidad de las montañas y de los arroyos del valle, ¿quién va a ser capaz de convenceros de que vosotros mismos y los arroyos y las montañas sois una sola y misma realidad?

Publiado en Zendodigital

 


Esto fue transmitido a los monjes cinco días después del periodo de entrenamiento del año 1240, en Kannondôri Kôshôhôrinji. Fue recopiado en el aniversario del nacimiento del Buda del año 1243, en Kôshôhorinji por el primer discípulo Ejo. Fue recopiado de nuevo el 11 de Julio del año 1275.

“Frankenstein fish.”

Se trata de unos peces zebra que fueron modificados geneticamente para evitar la polución en el agua. Ahora parece que hay gente que se ha fascinado por sus colores y los quieren en sus peceras, ya hay un mercado negro para su venta y se llegan a pagar muy caros.

 Se ha advertido con respecto a su difusión ya que al ser un producto genético nuncase sabcuales seran los resultadosfinales.

 Ya veo que en un futuro se encargaran peces de acuerdo al tapizado, de nuestros sillones o de nuestras paredes.

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Los Niños y la muerte (9 parte)- ELISABETH KÜBLER-ROSS

Viene de aquí

Cuando los niños sab en que van a morir

Una plegaria atribuida a los indios sioux revela el co­nocimiento universal de la muerte como transición a una forma de vida diferente.
Una amiga que sabía cuánto me interesaba el conocimiento espiritual de las antiguas culturas me la envió

Oración sioux

El espíritu nunca nació,

el espíritu nunca cesará de ser,

nunca hubo un tiempo en que no existió.

El fin y el principio son sueños.

Sin nacimiento, sin muerte y sin cambios

el espíritu permanece eterno.

La muerte no lo afecta

aunque parezca su morada.

Hay multitud de pruebas de que los niños tienen un conocimiento interno de la muerte. Cuando comencé a desempeñar mi profesión, como médica rural en Suiza, visité a muchos niños con tumores, enferme­dades cardíacas, leucemia y otras dolencias que im­plican riesgo de muerte. Entonces apenas se había es­crito sobre este tema, y el médico rural tenía que depender ante todo de su intuición y sentido común ante las preguntas del paciente.

Una noche terminé mi ronda de visitas en casa de una niña que llevaba meses enferma y apenas respon­día al tratamiento. Sus padres y sus hermanos mayo­res estaban ocupados con la cosecha y su madre sólo de vez en cuando hacía un alto en el trabajo para atender a su hijita. La pequeña estaba atendida por una bisabuela que apenas oía y veía muy poco. Si bien desde un punto de vista práctico era alguien que no la podía cuidar muy bien, demostró ser la mejor cuida­dora y compañía posible para la pequeña Susan
La anciana pasaba todo el día sentada al lado de Susan y hacía sus siestas pero debía tener una percep­ción extrasensorial formidable, pues siempre estaba alerta y pendiente de Susan cuando ésta se desperta­ba. Entonces «abu» la acariciaba suavemente para que viese que se había dado cuenta de que se había des­pertado, y, pacientemente, le acercaba zumo a sus re­
secos labios para que bebiera a sorbitos, sin presio­narla ni forzarla a comer
Me hubiese quedado horas mirándolas. A veces escuchaba los relatos de la abuela, que debía de crear a
partir de viejos recuerdos y de un conocimiento in­terno de las cosas que iban a pasar. Su vista le impedía leer cuentos, pero sus historias eran mucho más en-tretenidas e inspiradas que cualquiera de los libros que he leído (¡y he leído muchos!). Diríase que «abu» sabía qué iba a pasar, y sus relatos siempre parecían una preparación de lo que ocurriría.

Al principio Susan no paraba de hacerle pregun-tas, pero poco a poco fue preguntando cada vez me-nos. El día antes de morir, Susan se limitó a preguntar a su bisabuela, quien debía de intuir lo que iba a suce-der, si «la visitaría pronto». Sólo esa mujer podía com­prender esa pregunta. Acarició cariñosamente la mano de su biznieta y le dijo:
-Por supuesto. Sabes que este cuerpo viejo y quebradizo ya no durará mucho. Supongo que se
mantiene mientras me necesitas. Pronto estaremos juntas y…, ¿sabes una cosa?, podré oír y ver, y baila­remos juntas.

La anciana sabía que yo estaba allí presente y me sonrió con picardía. ¿Sabía ella ya que yo algún día comprendería lo que ella y la niña compartían ese día? ¿O quizá, consciente de mi presencia, se limitó a enseñarme a mí también, sabiendo que una ayuda siempre se aprecia y que esos momentos especiales y relajados me hacían valorar más mi trabajo? ¿Quién me iba a decir, hace treinta años, que los ancianos y los niños acabarían siendo mis maestros?

La viejecita preparó el mejor vestido de Susan y le dijo a su madre que a la mañana siguiente no fuera a trabajar. En esa familia había un maravilloso entendi­miento. Desayunaron juntos, y poco después la fami­lia me llamó para decirme que Susan había muerto.

Como era costumbre en aquellos días, la familia lavó y vistió a Susan. Los vecinos hicieron un ataúd, y la gente del pueblo acudió a presentar sus respetos. El cuerno estaba en la sala de estar a la vista de la cocina y del comedor. Amigos y vecinos, compañeros de clase y profesores, acudieron a despedirse de ella.

El pueblo proporcionó el coche fúnebre y los ca­ballos, y prácticamente todos siguieron a la comitiva hasta la iglesia y el cementerio. Los niños del colegio cantaron, el cura dijo el sermón, el abuelo y uno de los mejores amigos de la familia dijeron también al­gunas palabras, y se bajó el ataúd. Los hermanos y las hermanas, amigos y vecinos, echaron puñados de tie­rra sobre el féretro y taparon el agujero.

La bisabuela asistió a todo el ritual y sólo faltó a la comida que se dio en el restaurante del pueblo, atestado de familiares, amigos y vecinos. La familia regresó a casa al anochecer. La abuela sufrió un ligero ataque, y a petición suya permaneció en casa. La cui­dé todo lo que hizo falta
Las visitas a esa casa se convirtieron para mí en
un tesoro, y prosiguieron mucho después de que la abuela se hubo ido con Susan. La familia siempre me envía una postal por Navidad y espera alguna señal de vida de su «doctora de allende los mares».
Es un privilegio ser médico en el campo, donde en muchas regiones la vida sigue siendo sencilla y lle­na de amor, trabajo, participación, y «abuelas» que transmiten su amor, fe y cuidados a las jóvenes gene­raciones, que así algún día podrán hacer lo mismo con sus hijos, y con los hijos de sus hijos.

Estoy segura de que, sin que yo lo supiera, esa anciana fue uno de mis mejores maestros, y, junto

con las numerosas «Susanas» a las que cuidé, grabó en mi mente la imagen de que la muerte puede ser tan simple y poco complicada como lo es la vida, si no la convertimos en una pesadilla.

El lenguaje simbólico de los niños

Otra madre, cuya hija de dieciséis años murió al caer­se de un caballo, nos mostró un dibujo que su hija ha­bía realizado. El simbolismo de ese dibujo lleva a preguntarse si la niña sabía que iba a tener una inmi­nente lesión craneal; lo mismo puede decirse de los poemas que escribió, que no sólo son conmovedores,sino también muy reveladores. La primera poesía, sin título, la encontraron el día después de su muerte.
Es­taba en un trozo de papel, entre las páginas de su dia­rio, que se había llevado de vacaciones
Soy una niña aún perdida entre encajes y azucenas
sólo lo imagino. Me acerco a él, es alto, rubio y con los ojos muy oscuros. Está muy cansado. Es Jesús. No sé por qué lo sé, pero lo sé. Me detengo a dos palmos de él. Viste téjanos y no lleva camisa. Tiene la piel muy suave. Está muy triste, como si se despi­diese de mí. Me coge las manos y rompe a llorar. Yo también lloro, porque no sé desde cuándo no lo he visto e incluso ahora lo echo de menos. Sus lágrimas me mojan el dorso de las manos. Luego se va, di­ciendo: «No tienes que venir hacia mí, para que yo esté aquí. Estaré aquí para ti cuando me necesites». Cuando vuelvo a quedarme sola me siento en una esquina y lloro sin consuelo. Sigo ahí hasta que sale el sol. Luego me levanto y me alejo poco a poco Deseo. Deseo la vida cuando la vida se acaba, deseo la muerte cuando la muerte llega. Pero estando al borde de ambas y de ninguna sólo quiero terminar lo que empecé Soy un mito, la visión de una visión, soy una sombra errante que disminuye, una extensión de precisión mecánica, un llanto, un grito…, un salto antes de caer.Esto lo escribió Mary Hickman la primavera anterior al verano en que murió. Lo encontraron después de su muerte.Una madre de la Costa Este se ofrece a compartir su experiencia con nosotros. Me limitaré a transcribir su carta: habla por sí sola.«Mi hija se despertó una mañana en un estado que sólo se puede describir como de “extrema excita-ción”. Esa noche había dormido en mi cama, y me despertó abrazándome y zarandeándome, diciendo:»—¡Mami, mami, Jesús me ha dicho que me voy al Cielo! Estoy contenta de irme al Cielo, mamá. Allí todo es bonito, dorado, plateado y resplandeciente, y Jesús y Dios están allí…»Y así siguió. Estaba eufórica y hablaba tan rá­pido que apenas podía entenderla. Al principio me asusté. Me parecía extraño, pues no se puede decir que sea un tema corriente de conversación.»Me inquieté sobre todo por su excitación. Era una niña tranquila, casi contemplativa, muy inteli­gente, pero no era tan “inquieta” ni hacía las tonterías propias de los crios de cuatro años. Hablaba con co­rrección y tenía un vocabulario muy preciso. No es­taba acostumbrada a verla tan excitada, tartamudean­do y trabándose al hablar. De hecho, creo que no la había visto nunca así, ni por Navidad, ni en su cum­pleaños, ni en el circo.»Le dije que se calmara, que no hablase así (más que nada porque sentí un temor supersticioso: des­de que nació tuve el “presentimiento” de que no es­taría mucho tiempo conmigo y sólo lo comenté a una íntima amiga). No quería recordarlo, ni quería escu­char lo que decía, mucho menos de forma tan repen­tina. Nunca en la vida había hablado de morir, ni de su muerte; sólo había aludido al tema en sentido abs­tracto.

»No conseguí calmarla. Siguió explicándome “lo bonito que era el paraíso dorado, con cosas preciosas y ángeles resplandecientes y diamantes y piedras pre­ciosas. Y lo feliz que iba a ser allí y lo bien que lo

pasaría. Jesús se lo había dicho. Lo decía entusiasma­da; estaba tan excitada que apenas podía decir lo que quería. Recuerdo más sus gestos y su alegría que sus palabras.

»—Cariño —le dije—, un momento, tranquilíza­te. Si te vas al cielo, te echaré de menos. Me alegro de que hayas tenido un sueño tan feliz, pero cálmate y relájate un poco.

»Fue en vano, ella insistía:

»—No era un sueño, era real —con el entusiasmo con que hablan los niños de cuatro años—. Pero no te preocupes, mamá, porque Jesús dijo que podría cui­darte, y te daré piedras preciosas, y no tendrás que preocuparte por nada, las piedras preciosas te encan­tarán… —Y siguió hablando de lo mismo. (Cito o pongo entre comillas lo que recuerdo con bastante exactitud palabra por palabra; el resto de la conversa­ción sólo la recuerdo en esencia.)

»Esto es básicamente lo que dijo. Prosiguió ha­blando sobre lo maravilloso que era el paraíso, cal­mándose poco a poco, y, cuando volví a felicitarla por su hermoso sueño, dijo que no era un sueño sino que era “real, realísimo”. Descansó en mis brazos un mo­mento, me dijo que no me tenía que preocupar “por­que Jesús [la] cuidaría”, saltó de la cama y se fue a jugar.

»Me levanté y preparé el desayuno. El día trans­curría normalmente hasta que, a primera hora de la tarde, entre las tres y las tres y media, la asesinaron: la ahogaron.

»La conversación con mi hija me había sorpren­dido tanto que esa misma mañana comenté por lo

menos con una persona lo que llamé “el sueño de mi hija”. Esa persona recuerda la conversación. Cuando se enteró de su muerte, enseguida se preguntó cómo pudo saberlo.

»Personalmente creo que, según las leyes físicas, una persona no puede conocer el futuro. Era imposi­ble que supiese que se “iba al Cielo”.

»Y, sin embargo, así fue. Mi hija se levantó en un estado de excitación inusual y dijo que Jesús le había dicho que se iba al Cielo (la verdad es que no recuer­do si dijo «hoy»). Y murió esa misma tarde. No sé ex­plicarlo.

»En casa no somos muy practicantes. Mi hija nos acompañó un par de veces a la iglesia; por supuesto, leíamos pasajes sobre Moisés y Jesús, María y José. Mis hijos asistían algún domingo a catequesis. Traté de inculcarles amor, respeto y amabilidad hacia los demás, en vez de enseñarles una religión, porque no les podía enseñar algo que no conocía. He estudiado, rezado y meditado, y, no obstante, es muy poco lo que sé al respecto.

»Cuando las niñas me preguntaban cosas sobre el Cielo, siempre les decía que no sabía qué pasa cuando morimos. Oyeron la palabra “Cielo” en otro sitio. Que yo sepa, mi niña nunca había oído nada so­bre “calles doradas del paraíso”, ni algo parecido. Nunca habíamos hablado sobre eso.

»Y una mañana se levantó diciendo que había vis­to a Jesús y me habló del “Cielo” diciéndome que se iba allí. Y murió al cabo de unas siete horas.

»No me lo explico.»

El área espiritual

Las personas que dudan de que sus hijos sean cons­cientes de que padecen una enfermedad terminal, de­berían mirar los poemas o dibujos que éstos hacen durante su enfermedad, o incluso meses antes de que se les diagnostique. Un ejemplo ilustrativo es este poema de una niña, escrito seis meses antes de su muerte, dos meses después de que se le diagnosticara la dolencia. Aunque le dijeron que tenía anemia, ella intuía que le quedaba poco tiempo en la Tierra. Hay que comprender que esto es muchas veces un conoci­miento preconsciente, no un conocimiento conscien­te, intelectual. Surge del «área interior, espiritual, in­tuitiva» y prepara gradualmente al niño a encarar la futura transición, incluso si los adultos niegan o evi­tan esa realidad.

TiempoObservar los segundosque pasan.Perder y dejar pasar el tiempo,detenerse, matar, dormir… en el tiempo.Experiencias, amores, momentos de muerte, momentos de lágrimas, que nunca regresarán, se fueronpara siempre.Cada generación explica el tiempo a su manera, pero por coincidencia, se convierte en lo mismo, tiempo. En recuerdos, sueños, los pensamientos de ese momento pasan mientras piensas tus últimos pensamientos,     sobre el       Tiempo.  Valentía y poemas Una breve consulta en un motel de Australia dio como resultado una hermosa experiencia entre Chris, su madre y yo. Poco tiempo después, la madre me mandó esta carta: «Quiero que sepa lo mucho que nos ayudó. Desde que la vimos, Chris ha tenido otras dos hemorragias subaracnoideas* causadas por las malformaciones arteriovenosas. Sigue bien, sin discapacidades. Cuando el neurocirujano dijo que quizás habría que reconsi­derar el operarla para prolongar su vida, ella le dijo que quería morir como una niña normal antes que vivir imposibilitada. * La aracnoide es una de las tres meninges que recubren el cerebro y la médula espinal. [N .de la t.]»Su padre y yo estábamos de acuerdo con ella, porque tiene casi quince años y ha vivido con eso un tercio de su vida. Ella dice que la calidad de vida aquí le importa más que la cantidad. Está llena de contra­dicciones, porque puede hablar, y habla, de la muerte, mientras se niega a recibir la extremaunción porque dice que no está tan mal como para eso, y tiene consi­go lo que ella llama su “caja de

esperanzas” en la que guarda cositas de bebé.

»Creo que aún no acepto la posibilidad de su muerte tan bien como ella. La quiero muchísimo y no quiero perderla. Pero me temo que ocurrirá, aunque es una buena maestra y nos ayuda a todos… Ayer en­contré algunos poemas que escribió que quiero com­partir con vosotros. Creo que habla de muchas cosas, pero no sé muy bien lo que dice. Los escribió unas semanas antes de ir al hospital.

NubesUn día me eché a dormir,y di un vistazoal bonito cielo, allí arriba,por si veía una paloma.El cielo estaba nublado, oscuro y gris,y sin embargo podía ver, a lo lejos,que en el cielo habíanubes que formabanimágenes.Había veleros en un mar azul,florecillas y abejas.Luego miré una y otra vez.Vi a una mujer de pie,vestida de azul yblanco, con floresa sus pies.Luego vi que le caíauna lágrima por la nariz.Luego otra, y otra, hastaque tuve que coger el paraguas.

»Incluyo más poemas que escribió Chris; los úl­timos que le mandé los escribió para el colegio jus­to antes de tener una hemorragia cerebral, en marzo de 1981. Ese segundo grupo lo escribió para mí, como regalo de Navidad. Ahora ya no escribe más.

»Los médicos dicen que, debido a la frecuencia de sus hemorragias, quizá lo más indicado sea operarla. A Chris al principio esa noticia la conmocionó, llora­ba y estaba rabiosa.

»—¿Por qué diablos no pueden dejarme tranqui­la? —dijo—. Estoy bien y feliz y trabajo con los ni­ños que quiero… —Pero después empezó a pensarlo mucho—. Siempre estoy temiendo tener otra hemo­rragia y cada vez me pregunto si será la decisiva… Creo que no tengo demasiadas alternativas.

»Dejamos la decisión en manos de Chris. Tiene quince años y se trata de su vida.

»—Tal como estoy ahora, ni siquiera puedo be­ber té o café porque me puede acelerar el pulso… No puedo hacer nada que canse. ¿ Qué pasaría si me casa­se y quisiera tener hijos?

»Le respondí que no lo sabía, pero le dije con franqueza que la relación sexual requería bastante energía…

»—Me daba esa impresión —contestó.

»Chris ha decidido que la operen. Su hermana gemela está realmente asustada y habla de ello, cosa que para ella significa un gran progreso. Al igual que su padre y su hermana mayor, había conseguido ha-

cer caso omiso del miedo que le da que Chris se mue­ra. Chris es una buena maestra, y me ha ayudado lo indecible. Dijo a su hermana que Dios sabe lo que quiere y que, o quedará bien —quizá con pequeños defectos, que podrá superar— o morirá, y eso tam­bién está bien porque “estaré bien, normal y feliz con Dios”. Chris no quiere pensar en la posibilidad de te­ner discapacidades severas o lesión cerebral; antes preferiría morir.

»Chris escribió esta carta y este poema sobre un amigo del hospital que murió de leucemia:

“Querido M.:“Esta mañana murió R. A nadie lo cogió despreve­nido, pues todos sabíamos que iba a morir. La vís­pera estuve pensando qué podía hacer por él. Escribí este poema y luego me quedé despierta pensando si se lo daba. Decidí no dárselo; poco más tarde se mo­ría. Supongo que escribir un poema no es gran cosa, pero es lo único que podía hacer. Cuando esta ma­ñana me enteré de que había muerto, en cierto modo me alegré. Me dio pena, pero también pensé que se­ría un hermoso ángel del cielo.“Estoy segura de que los niños como R. vienen al mundo por alguna razón que sólo Dios conoce. Hay que pensar en los niños que viven y no en los que mueren. Estaba sentada al lado de la cama de J. y pensé en R. Me dio rabia. Me dije: ‘Chris, J. se pon­drá bien’. Yo creo francamente que me voy a poner bien, sólo que es difícil aceptarlo como ‘la voluntad de Dios’. A Él le parece bien así. Se lleva allí arriba a los niños, y sigue mandando niños aquí, para que mueran de cáncer y leucemia, y el ciclo continúa y, al fin y al cabo, ‘todo está bien’. Sonríe. Ama a un ángel, Chris.” VidaEl camino de la vida está lleno de baches,el camino de la vida es empinado. Hay altibajos,felicidad y pena,pero lo mejor de todo: los niños reciben la recompensa, de ser angelitos en el cielo… AmorEl amor está en todas partes,no hace falta buscar muchopara encontrar algo de amorpara depositar en tu corazón,como dice el viejo proverbio:“El amor no es para guardar en el corazón,el amor no es ‘amor’ hasta que das algode él.” 

»Luke es un niño de siete años que Chris conoció en el hospital. Debido a un cáncer se le amputó la pierna izquierda por encima de la rodilla. Chris nun­ca ha dejado de visitarlo desde que lo conoció. Lo adora.

  LukeLuke es mi amigo,un amigo y un compañero; algunoslo llaman Luke el Fantasma. Siempre pido por él en mis oraciones y no lo llamo Luke el Fantasma, sino mi Angelito Pecoso del Cielo.   ¿Es realmente lo que parece?        ¿Qué hay en realidad debajo de ese túnel? Es como mirar por un embudo.    ¿Debo atreverme a abrir la puerta      y encontrarme con que esa habitación no tiene puerta?          Hay una luz resplandeciente que debo ver.            ¿Me busca alguien?             No, he decidido no abrir la puerta.                 ¡Oh!, qué agradables parecen todos,                    son Ángeles del cielo.                       Y al mirarme me veo toda                         bonita y agradable. Hermosos                            niños correteando por todas partes.                            No, no os asustéis, amigos míos.                        Todo el mundo es amable                    aquí. Abro la puerta y                dejo pasar a la gente. Muchos             entran, pero ninguno         sale, porque todos     quieren estar aquí.TristezaLa tristeza es como una cascada sin agua.La tristeza es comer  hamburguesa sin salsa de tomate.La tristeza es tener ropasin cuerpo.La tristeza es tener un monederosin dinero.La tristeza es una bombillasin luz.La tristeza es un cepillo de dientessin pasta.La tristeza es ducharsesin jabón.La tristeza es algo sin lo cual la gentepuede vivir.  

Por qué?

¿Por qué tenemos padres y hogares? ¿Por qué tene­mos dos orejas y una nariz? ¿Por qué viven los be­bés?, ¿por qué mueren? ¿Por qué morimos, y por qué nos da miedo? ¿Por qué vivimos? La respuesta es: ¿por qué no?

 FamiliaUna familia siempre rebosaamor y alegría.Para eso Dios nos pusoaquí: para quererhasta que la muerte nossepare, y amarmientras hayaamor en nuestros corazones.  

Un año después, casi el mismo día en que se había es­crito esta carta, recibí este telegrama:

«Querida Elisabeth, ahora Christine es una mariposa. Con cariño, B.B.»

Chris dejó a su familia esta carta, en la que expresa su última voluntad:

A mamá:

»Quiero que sepas que siempre te quise y siem­pre te querré. Sé que iré al Cielo y sé que te veré cuando mueras. Quiero que siempre me recuerdes y me hables en tus oraciones… No quiero verte llorar todo el día. Estaré feliz en el Cielo, y quiero que siempre lo tengas presente… Di todas las noches “felices sueños, que Dios te bendiga, te quiero, y gracias, Dios”, pues yo te oiré. También quiero a papá, a Karen y a Ann, mucho, muchísimo… Y también te quiero a ti. Estuviste a mi lado en los buenos y en los malos momentos y nunca lo olvida­ré. Te quiero mucho, mamá, muchísimo.

»Con mucho cariño,

»tu hija siempre, Chris.»

«1 de enero de 1982

»Esta es la última voluntad y el testamento de la que suscribe, Chris:

»Lego a mi familia mi dinero, para que le dé buen uso, ya sea en mi funeral o para el Mater Children’s Hospital Appeal. La ropa que no le vaya bien a mi hermana mayor o a mi hermana gemela es para los pobres. Mis juguetes son para mis sobrinos cuando Karen o Ann tengan niños. A Muffy quiero que lo entierren conmigo. Mis joyas son para com­partir entre Karen y Ann y quizá mamá. Cuando muera quiero tener mi paloma y mi anillo. La sortija de la madre de papá es para Karen, quien me la pres­tó. Mi colección china es para toda la familia. Todo lo demás, sea lo que sea, es para repartir entre Karen y Ann.

»En mi funeral quiero flores y música anima­da…»

«Chris no pudo terminar de escribir su testamento el 4 de mayo de 1982, porque la ingresaron en el hospi­tal a causa de una hemorragia y estuvo inconsciente antes de que la operasen el 4 de junio de 1982.

»Estas cartas, con las indicaciones para la misa y su última voluntad, estaban en la bolsa que Chris se llevó al hospital.

»Aquí expongo algunos fragmentos de las cartas que escribió. Nos legó un tesoro muchísimo más va­lioso que el oro, un precioso regalo: su amor y su honestidad. Su auténtica fe, que tanto le costó encon­trar. Blanco y negro, sin sombras grises…, el conoci­miento de que Dios sabe claramente, con amor in­condicional, cómo ella se sintió y comprendió. Estas cartas hablan por sí mismas:

“A mi familia y amigos:

“En posesión de mis facultades físicas y menta­les, escribo la presente nota. Sé que será difícil, pero si Dios quiere que me muera me llevará con él y si quiere que viva, viviré. Mamá dijo una vez que Dios hizo a los médicos y yo le respondí que Dios me dio la mente para que decidiese por mí misma.

“Creo que si me quedase minusválida, sin poder hacer nada, me moriría. Mami, quisiera que me en­terrasen con mi vestido preferido, me encanta. Gra­cias por todo. Estuviste todo el tiempo a mi lado y te lo agradezco. Papá, quisiera que considerases mi muerte como una señal del amor de Dios hacia mí; también te quiero y te agradezco infinitamente todo lo que has hecho por mí. Karen, ahora me doy cuen­ta de que estaba celosa de ti porque eres todo lo que no soy. No olvides que te quiero. Gracias por todo.

“Y por último quiero escribir unas líneas espe­ciales para mi querida gemelita Ann. Te quiero un montón. Recuerda que siempre que necesites hablar con alguien te escucharé. Cuando me vaya quiero seguir sintiéndome necesitada… No paro de llorar mientras escribo estas líneas. Os echaré de menos a todos. Siempre os recordaré y estaré pendiente de vosotros.

“También quiero mencionar a Cathy: es mi me­jor amiga y siempre lo será. Hablaré con Dios sobre el traslado de su papá a Melbourne. Y, cuando vol­vamos a nacer, todo será diferente. Me gustaría que Cathy fuese a mi funeral. La quiero mucho.

mamá, a la abuela de mamá, a Christopher, a la se­ñora Brady. Decidle a Joyce y a Bill que cuidaré a Chris por ellos y dadles también las gracias por todo. Los quiero mucho a los dos. Si me olvido de alguien decidles que los quiero y que los añoraré. Me gustaría que pusieseis conmigo una foto de toda la familia, con Cisco. Quiero que Bernardo y el pa­dre Tom celebren mi misa y que tía Jan y tía Barb organicen un animado funeral. Quiero que todas mis flores sean rosas y claveles de color amarillo
Quiero que todos hablen
sobre mí y estén felices por mí.Familia, gracias, os quiero muchísimo a to­dos…

“Despedios de Cisco por mí. Le tengo mucho cariño.

“echo de menos y quiero a todos los que men­ciono en esta carta.

“Adiós, vuestra hija, hermana, amiga, Chris.

“Con cariño.” 

*  *  *

«Querida doctora Ross:

»Siempre que ha aparecido en televisión la he es­cuchado con sumo interés. Me parece que es usted la única persona que conozco que tiene convicciones tan arraigadas como yo.

Tengo dos nietos. El mayor está muy próximo a mí, en un sentido espiritual. Los quiero a ambos por igual, no me malinterprete. El mayor, Jonathan, viene a mi cama y hablamos de mil cosas
No hace mucho que cumplí setenta años, y des­
de hace poco más de dieciocho meses ese crío me acaricia las arrugas —¡no muchas!— y los hombros y me dice: “Qué suave, abuelita, no pasa nada porque seas vieja”.

»Un día tuvimos esta conversación:

»—¿Serás un ángel cuando mueras, abuelita?

»—Eso espero.

»—¿Verdad que la gente no puede ver a los ánge­les?

»—No.

»—Podrías morirte ahora, abuela, así podrías es­tar siempre conmigo.

»Hemos hablado de lo que haremos cuando no tengamos que preocuparnos por nuestros cuerpos.

»Les dije a los dos que no quiero una lápida; sólo un árbol con flores bonitas y un recipiente con agua y comida para los pájaros. ¡Ahora los dos tratan de es­cribir ” Abuelita” con su mejor letra para ponerlo en el plato! Todo es muy alegre. Al fin y al cabo, es un “plan divertido”.

»El mayor dice: “Los demás pensarán que te has ido; ¡pero yo sabré lo que pasa!”.

»Como puede imaginarse, le dije que se lo expli­case a su hermanito, e incluso a su mamá y a su papá, para que no se pusieran tristes.

Todo eso pasó hace casi dos años.

»E1 mismo día en que usted habló sobre la muer­te, los niños y el arco iris, recibí esta postal. [La postal es un dibujo de un arco iris que desciende sobre una fuente de oro, en una casa rodeada de flores y pája­ros.]

»No se trata de su propia muerte. Incluso ha olvi­dado la mía, pero inconscientemente todo eso está en la postal que me hizo mi nieto. Está mi arco iris, mis flores para los pájaros, y al mirar la esquina, me bri­llan los ojos: una fuente de felicidad está en mi casa. Eso es lo que significo para él ahora, aunque la felici­dad también significa que la angustia de la separación ha desaparecido.

»Espero que esta carta no sea demasiado larga, pero también yo sé, y he tenido el maravilloso privi­legio de poder transmitir este conocimiento.»

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