Que hacer cuando el diagnostico es cáncer? David Simon 28

Utilizar el sonido para curar

Se está produciendo un nuevo reconocimiento del beneficio terapéutico potencial del sonido en la atención de la salud, y aunque los inicios han sido más bien lánguidos, el impulso está creciendo. La musicoterapia se utiliza en una amplia variedad de ambientes clínicos, con resultados prometedores. La música relajante ofrecida a los pacientes después de operaciones quirúrgicas importantes reduce la ansiedad y conduce a una disminución en la petición de analgésicos para aliviar el dolor[i]. Los pacientes que contemplan vídeos musicales relajantes después de una operación quirúrgica de corazón sienten menos incomodidad y duermen mejor[ii]. Los bebés recién nacidos cuidados en las unidades neonatales, los ancianos con depresión o pérdida de memoria, los pacientes con apoplejía y enfermedad de Parkinson, y los atletas sanos, se benefician por igual de la exposición a las melodías y ritmos de la música[iii] [iv] [v] [vi] [vii] [viii] [ix]. Más cerca de lo que aquí nos ocupa, la música puede reducir la ansiedad y los efectos secundarios de la quimioterapia en niños y adultos que se enfrentan al cáncer[x] [xi].

¿Cómo utilizamos esta información sonora para aumentar el proceso curativo? Creo que el factor más importante consiste en elegir vibraciones que resuenen con el cuerpo, la mente y el alma. Recientemente, una encantadora señora que se enfrentaba a un cáncer de mama me dijo, un tanto tímidamente, que le gustaba escuchar música etérea de la Nueva Era en las sesiones en que se le aplicaba la quimioterapia, pero que, en realidad, lo que verdaderamente le gustaba era la estupenda música de jazz de B. B. King. A partir de entonces se le puso música de jazz, y la encontró tan agradable que la quimioterapia despertaba su sistema inmunitario del mismo modo que una banda pudiera animar a la multitud en un Martes de Carnaval en la calle Bourbon de Nueva Orleans.

Sonidos naturales

Hay formas casi ilimitadas de utilizar el sonido para animar nuestra capacidad curativa. Algunos de los sonidos más positivos para muchas personas son las vibraciones naturales de la naturaleza. Podemos valorar nuestra falta de conexión con el ambiente natural considerando lo lejos que estamos o el tiempo que tenemos que viajar para escuchar los sonidos producidos únicamente por la naturaleza. En algunas ciudades se puede pasar un tiempo en el patio interior sin notar excesivas intrusiones, pero son muchos los grandes centros urbanos donde la gente tiene que viajar horas antes de poder escapar de la cacofonía de la civilización.

Procure visitar la naturaleza con regularidad y absorber los sonidos que nos rodean. Escuche el viento moviéndose a través de las hojas, la respiración del océano al estrellarse contra la costa, absorba los gritos de las gaviotas. En una cálida noche de verano, escuche el retumbar de la tormenta en la distancia y el grillar de los grillos, el chirriar de las cigarras, el silbo de los búhos. En nuestro ambiente natural hay toda una sinfonía de sonidos que estamos invitados a escuchar cada vez que remite nuestro nivel de ruido interno o externo.

Si no podemos tener acceso directo a estos sonidos, contamos con muchas y maravillosas grabaciones de ambientes naturales. El guirigay de los monos en una selva tropical, los bramidos de apareo de las ballenas jorobadas y las llamadas de las grullas sólo están a corta distancia, en el reproductor de cinta o disco compacto. Procure crear su propia selección de sonidos naturales y utilícela para recordar que los seres humanos formamos parte de una ecología grande y diversa, gobernada por una sabiduría insondable.

Canto

Las entonaciones melódicas que intentan crear una experiencia sagrada han formado parte de las tradiciones espirituales durante miles de años. Las oraciones cantadas o cantar los nombres sagrados de Dios crea un efecto expansivo y armonizador, tanto en los que cantan como en los que escuchan. Recientemente, ha resurgido el aprecio por el canto gregoriano, que data de la Edad Media[xii]. Estos hermosos cánticos, cantados al unísono, elevan nuestra conciencia y alimentan nuestros corazones con su pureza y belleza.

El canto gregoriano se deriva del tradicional canto judío de las oraciones, que se remonta a varios miles de años. Como continuación de una tradición tan antigua, los chicos y chicas actuales de trece años repiten las melodías y palabras tradicionales durante sus ceremonias judías del Bar y del Bat Mitzvah, su iniciación ritual en la comunidad de adultos responsables.

Los sacerdotes brahmin de India dedican años a memorizar los cánticos intemporales de los Vedas que narran el proceso de la creación e invocan las fuerzas de la naturaleza. Incluso sin comprender las palabras en sánscrito, los oyentes se sienten transportados a estados primordiales del ser cuando estas vibraciones fundamentales resuenan a niveles profundos de la conciencia. Un efecto similar se produce cuando escuchamos los cánticos budistas tibetanos. Los resonantes mantras de los cánticos védicos y budistas crean una resonancia que armoniza el cuerpo, la mente y el espíritu en aquellos que experimentan estas tonalidades tan antiguas.

Se puede probar este efecto mediante un sencillo procedimiento. Los sonidos de las vocales de todos los alfabetos son vibraciones primarias que pueden tener una influencia calmante cuando se entonan. Siéntese cómodamente, respire profundamente y, al exhalar, entone el sonido «ahhhh». Observe la influencia que ejerce este sonido para centrarle. Repita el procedimiento, pero esta vez entonando el sonido «eeee». Observe que esta vocal tiene un efecto más localizado, que crea una vibración en el velo del paladar y en los senos. Proceda del mismo modo con el resto de las vocales, «iiiii», «ooooo» y «uuuuu», y observe las agradables sensaciones que se crean, así como las sutiles diferencias que produce cada sonido.

Procure escuchar estos antiguos y hermosos cánticos sagrados, y experimente con sencillez su poder curativo. Observará la naturalidad con la que le ayudan a conectarse con las intemporales tradiciones sabias de las que proceden. Procure crear un ambiente curativo mediante estos sonidos, en su hogar, en el coche y en el lugar de trabajo. En las notas de este capítulo incluyo una lista de mi música preferida.

Música

Cualquier música puede ser curativa si inspira, relaja, anima o crea en usted entusiasmo por la vida. La música puede ser una herramienta muy valiosa para acceder a nuestras emociones más profundas, ya que es nuestra forma no verbal y más querida de comunicación. La música puede servir como un vehículo para ahondar en sentimientos que necesitamos llevar a nuestra conciencia para curarnos y liberarnos.

La riqueza de la música clásica ofrece a muchas personas un valioso medio para universalizar sus desafíos emocionales. Al escuchar Las cuatro estaciones de Vivaldi, el Concierto Emperador de Beethoven, la coral de Bach Jesús es la alegría del hombre o el Concierto para flauta de Mozart, se nos abre el corazón y recordamos el lugar tan especial que ocupamos en este vasto cosmos. La poderosa música puede permitirnos trascender nuestra perspectiva localizada, independiente del desafio que afrontemos, y echar un vistazo a un significado más grande. Tómese tiempo para escuchar las vibraciones intemporales de la cultura occidental, que se han mantenido a lo largo de los siglos gracias precisamente a su atractivo universal.

Se ha producido un florecimiento de la música compuesta por los músicos modernos con la intención específica de relajar y movilizar las imágenes curativas. Muchos de esos hermosos viajes armónicos se pueden utilizar para reducir la ansiedad y ayudarle a quedarse dormido. En las referencias a este capítulo incluyo una lista de mi música preferida. Explore por su cuenta, y elija selecciones que resuenen con su espíritu.

Música terapéutica

Si experimenta el poder de la música como algo tangible en su vida, siempre hay formas de obtener el máximo de sus beneficios potenciales. Tradicionalmente, la música se ha utilizado para añadir textura a un ritual significativo. Ya se trate de la toma de posesión de un nuevo presidente de Estados Unidos, de una excursión de estudiantes, de una graduación universitaria, de una boda o de una ceremonia religiosa, la música añade otra dimensión a la experiencia, profundizando su impacto sobre nuestro cuerpo, corazón y alma. Cuanto más se involucran nuestros sentidos con una experiencia, tanto más vibrante es el recuerdo que creará en la conciencia.

Podemos utilizar el sonido y la música para engendrar una asociación positiva que apoye la vida entre una experiencia y una respuesta curativa. Elija o cree una visualización guiada y seleccione la música que le parezca más hermosa y que le llegue al corazón. Luego, utilícela en aquellas ocasiones en que quiera entrar en un estado curativo. Por ejemplo, antes de iniciar las sesiones de quimioterapia, procure crear su meditación guiada y luego utilícela sólo durante esas sesiones de tratamiento. Otra posibilidad consiste en escuchar su selección musical durante la transmisión de un maravilloso mensaje terapéutico. Cuando utilice una pieza musical durante el tratamiento, desencadenará el recuerdo de la profunda relajación que sintió durante su tratamiento del cuerpo. Si mantiene una buena relación con el oncólogo, pídale que grabe unos pocos minutos de palabras de ánimo, a las que usted pueda superponer una banda musical. Escuche entonces la voz tranquilizadora del médico mientras recibe el tratamiento que él mismo ha recomendado y hallará una nutrición curativa a niveles muy profundos. Un estudio en el que se examinó este método demostró que podía reducir sustancialmente la ansiedad[xiii].

Palabras curativas

Uno de los aspectos más importantes y lamentablemente más descuidados del efecto del sonido sobre la curación es el lenguaje que utilizamos para transmitir información sobre la enfermedad. En apenas un instante podemos convertir la esperanza en desesperación, y viceversa. Me siento consternado al comprobar la frecuencia con la que oigo a personas enfermas de cáncer describir la forma en que se les dio información sobre su enfermedad. En ocasiones, se sintieron verdaderamente agredidas por la información que se les dio de un modo tan desmoralizante que ya no pudieron absorber otros detalles. Un simple cambio en el uso del lenguaje puede suponer una gran diferencia en cuanto al impacto que pueden causar las palabras sobre el sistema mentecuerpo de una persona. Decir que alguien tiene un 25 por ciento de posibilidades de morir debido a su enfermedad durante los próximos cinco años, se puede convertir fácilmente diciendo que tiene una probabilidad del 75 por ciento de superar el cáncer. Aunque las estadísticas sean menos optimistas, es importante que tanto el médico como el paciente recuerden que hay muchas personas que vencen el índice de probabilidades. La ciencia ha dedicado hasta la fecha muy poco esfuerzo a explorar las razones por las que algunas personas han alcanzado resultados excepcionales en una serie de enfermedades graves. Benjamin Disraeli dijo en cierta ocasión: «Hay tres clases de mentiras: mentiras, condenadas mentiras y estadísticas». Tenemos que recordar que las estadísticas se aplican a los grupos, no a los individuos. Si los ingresos anuales medios en La Jolla (California) son de cincuenta mil dólares, eso no me sirve de nada si yo sólo gano el salario mínimo. De modo similar, tampoco debo envanecerme por el hecho de saber que gano cien mil dólares anuales cuando sé muy bien que la persona de tipo medio gana bastante menos. Es esencial no dejarnos desanimar por la información estadística. Utilice los números para tomar decisiones inteligentes, pero no permita que los números le utilicen a usted. Hable con el médico sobre su deseo de recibir información y dígale que espera que se la transmita con sensibilidad y esperanza. Ese es un derecho inherente de todo ser humano.


[i] M. Good, M., «Effects of relaxation and music on postoperative pain: A review», Journal of Advanced Nursing, n° 24, 1996, pp. 905-914.

[ii] L. Zimmerman, J. Nieveen y cols., «The effects of music interventions on postoperative pain and sleep in coronary artery bypass graft (CABG) patients», Scholarly Inquiry for Nursing Practice, nº 10, 1996, pp. 153-170.

[iii] J. Kaminski y W Hall, «The effect of soothing music on neonatal behavioral states in the hospital newborn nursery», Neonatal Network, nº 15, 1996, pp. 45-54.

[iv] J. M. Standley y F. S. Moore, «Therapeutic effects of music and mother’s voice on premat ure infants»,

Pediatric Nursing, nº 21, 1995, pp. 509-512.

[v] C. G. Mornhinweg y R. R. Voignier, «Music for sleep disturbance in the elderly», Journal for Holistic Nursing, nº 13, 1995, pp. 248-254.

[vi] M. J. Lowis y J. Hughes, «A comparison of the effects of sacred and secular music on elderly people», Journal of Psychology, nº 131, 1997, pp. 45-55.

[vii] P Belin, P van Eeckhout y cols., «Recovery from nonfluent aphasia after melodic intonation therapy: A PET study», Neurology, nº 47, 1996, pp. 1504-1511.

[viii] C. Marwick, «Leaving concert hall for clinic, therapists now test music’s «charms»», Journal of the American Medical Association, nº 275, 1996, pp. 267-268.

[ix] B. Blumenstein, M. Bar-Eli y G. Tenenbaum, «The augmenting role of biofeedback: Effects of autogenic, imagery and music training on physiological indices and athletic performance», Journal of Sports Sciences, nº 10. B. Blumenstein, M. Bar-Eli y G. Tenenbaum, «The augmenting role of biofeedback: Effects of autogenic, imagery and music training on physiological indices and athletic performance», Journal of Sports Sciences, nº 13, 1995, pp. 343-354.

[x] K. Johnston y J. Rohaly-Davis, «An introduction to music therapy: Helping the oncology patient in the ICU», Critical Care Nursing Quarterly, nº 18, 1996, pp. 54-60.

[xi] V E. Keller, «Management of nausea and vomiting in children», Journal of Pediatric Nursing, nº 10, 1995, pp. 280-286.

[xii] K. Le Mée, Chant, Bell Tower, Nueva York, 1994.

[xiii] C. E. Sabo y S. R. Michael, «The influence of personal massage with music on anxiety and side effects associated with chemotherapy», Cancer Nursing, nº 19, 1996, pp. 283-289.

Escribe un comentario

Tienes que iniciar sesión para escribir un comentario.