Cuando uno está tan harto es porque puso mucho idealismo en la tarea, como dice este medico de un Blog que acabo de descubrir y que se llama justamente: Diario de un Medico que está harto:
A los médicos, igual que el valor en la mili, la vocación se nos supone. Lo que ocurre es que en la práctica, hay de todo en la viña del Señor. Hay médicos con la vocación más acentuada, los hay sin vocación, los hay que la tuvieron alguna vez y la perdieron …
La tipología de los facultativos que medran en los ecosistemas hospitalarios es de lo más variopinta. Sin ánimo de ser exhaustivos, que diría César Vidal, podemos enumerar las siguientes:
1) El adjunto “pata negra”, con plaza en propiedad. Adherido a su plaza con cola de contacto, ni cristo le mueve. Suele carecer de incentivos, y su estrategia es trabajar lo mínimo y largarse a casa lo antes posible. Normalmente está vinculado al Jefe de Servicio mediante un pacto de sangre: el Jefe le permite no pegar un palo al agua y ausentarse cuando quiera a cambio de no crear problemas y de echar una mano ocasionalmente al Jefe cuando éste se encuentre con algún marrón. El trabajo de cada día ? Siempre hay pringados que lo hacen.
2) El adjunto interino. Un porcentaje respetable de la grey asistencial. Su plaza en propiedad dependerá en el futuro de una Oposición, en la cual su Jefe de Servicio será probablemente decisivo. Imprescindible llevarse bien con él. Amén a todo. Sumisión estricta. No ha de generar problemas y ha de resolver los marrones que surgen en el quehacer diario. Los deseos del Jefe son órdenes para él. Que el Jefe necesita que la lista de espera sea más larga ? Ningún problema, se apunta a más gente para operar. Que el Jefe necesita que la lista de espera quirúrgica sea más corta ? Ningún problema, se piden pruebas complementarias a la gente que está en lista de espera, y entre que se las hacen y se vuelven a visitar ya habrán pasado varios meses y quizá la coyuntura sea otra. Por supuesto, han de ser también sumisos con el adjunto veterano “pata negra”; cualquier enfrentamiento con él supondría la inmediata caída en desgracia ante el Jefe, con las nefastas consecuencias para la continuidad de la carrera profesional que ello conlleva. Cuando el Jefe tiene que elegir entre un nefasto adjunto veterano pata negra, a menudo compañero de francachelas desde hace años en congresos médicos, y un laborioso adjunto interino joven, la elección suele decantarse hacia el primero.
3) El adjunto contratado temporal. Como el interino, pero peor. El interino se juega la plaza en unas oposiciones más ó menos remotas, y si no la consigue, seguramente podrá seguir como interino en su categoría profesional. El contratado temporal se juega la renovación del contrato. Si no es servil, ha de aprender a serlo. La supervivencia así lo exige. Hay gente esperando que no le renueven el contrato para ocupar su plaza.
4) El sudamericano. Muchas veces sin título de especialista válido. Hay de todo; desde el que dice que es traumatólogo porque Cuba estuvo tres meses en la Manigua viendo esguinces de tobillo hasta el polivalente que hace lo que sea a cambio del salario. Estos últimos son peligrosos. Igual pasan visita como pediatras en un ambulatorio que hacen guardias de Traumatología que se sacan un sobresueldo visitando particularmente por las tardes en una consulta de obesidad que hacen guardias los domingos en un geriátrico. Saben de todo, en especial de gramática parda. Y es que la pela es la pela. Los argentinos son los peores. Su situación en los hospitales es precaria porque a su condición de interinos suele asociarse su falta de titulación y en ocasiones la carencia de nacionalidad de la Comunidad Europea. Si molestan, el Jefe puede removerlos con extrema facilidad. En cuanto asoman la pluma pueden ser presa fácil de los mandos. Por ello suelen ser gente taimada y en extremo servil. Malos compañeros, no dudarán en clavarte un puñal para ganar cuatro pesos. Al Jefe, si hace falta, le lavarán el coche, le fregarán la casa, le llevarán los niños al colegio … están para lo que disponga.
5) El psicópata. Son pocos, pero extremadamente dañinos. Son más malos que la carne de pescuezo. Manipulan a quienes les rodean. Suelen tener plaza en propiedad y presentan celos patológicos de sus compañeros. Su estrategia es la de mantener al resto del equipo mutuamente enfrentado y que de esta manera su posición privilegiada no peligre. Apoyan siempre al que flaquea, para mantener la guerra permanente. Quien se enfrenta a ellos está sentenciado. Emplearán su valimiento ante el Jefe y el miedo ante el resto del equipo para crear un frente común contra el insumiso. Esto lo harán sin dar la cara, porque son gente cobarde. Carecen de escrúpulos. El mismo que les ayuda hoy a acosar a un compañero será su víctima mañana. Siempre tienen sicarios que les rien las gracias y que muerden en su nombre. Emplean técnicas semejantes a las de las sectas religiosas para controlar desde la sombra al Servicio. Profesionalmente suelen ser una lacra y los pacientes les importan un bledo. Merecerán en su día un capítulo aparte.
5) El pringado. Es un médico que de tan bueno que es, parece tonto. Generalmente tiene vocación, le gusta lo que hace, no le importa trabajar las horas extra que haga falta, disponible siempre aunque no esté de guardia, accesible para los pacientes en cualquier momento … algunos dirían que es un primo. Es un útil sumidero para los marrones del resto del Servicio. Él ve a los pacientes a los que ningún otro médico quiere ver y no le importa. Su principal enemigo es el psicópata, sea por razón de celos profesionales, sea porque la comparación le deja en mal lugar, sea porque de rebote al psicópata le toque trabajar un poco alguna vez.
6) El político. Puede estar afiliado ó no a un partido. Suelen medrar hasta alcanzar puestos elevados en la jerarquía. Les importan más los números y las estadísticas que los pacientes. Su comportamiento depende de por dónde sople el viento en la Comunidad Autónoma. Si gobierna su partido, su tarea se centraliza en favorecer a la Gerencia y en presentar unas estadísticas brillantes, aunque de facto el Servicio funcione de pena. Por el contrario, si en el gobierno autonómico están sus enemigos, tratarán de poner palos entre las ruedas de la Gerencia en todo lo que puedan. Los pacientes ? Son lo de menos.
Junio 14th, 2006 by drgandolfi
Existe un tipo de médico, poco frecuente, pero cuya importancia para sus colegas radica en la gran cantidad de daño que les puede hacer. Se trata del médico psicópata, cuyas características básicas ya describí en otro post.
Es posible que entre los lectores alguno conozca a especímenes psicopáticos. Quienes no les conozcan no saben lo que se pierden, y quienes no tengan que trabajar con ellos no saben lo que se ahorran.
Como es natural, existe una gran variabilidad interindividual entre estos hijos de su madre. Yo describiré un ejemplar típico. Por cierto, recomiendo escuchar la canción de M Clan “Chilaba y cachimba” mientras se lee el retrato moral del sujeto.
Se trata de un individuo ya madurito, con plaza en propiedad, y que lleva ya muchos años en la institución. Es un manipulador nato y actúa como el gurú de una secta.
Quizá tenga conocimientos médicos profundos en su especialidad, y a lo mejor es un hábil cirujano. Lo que ocurre es que la desidia y la pereza son más fuertes. Los pacientes habitualmente le importan un comino, aunque si con uno quiere lucirse, lo hace. Carece de empatía tanto hacia sus compañeros como hacia los pacientes. Insiste en el “trabajo en equipo” porque ello le permite el escaqueo y le facilita que sean los otros los que den la cara cuando las cosas vienen mal dadas. Sus decisiones médicas están condicionadas por si el paciente le cae mal o peor, por si tiene pocas o ninguna ganas de trabajar, etc. Habitualmente deriva a los pacientes a sus sicarios (pobres de ellos si se quejan), a otros servicios y al hospital de referencia. Se enorgullece ante sus acólitos de su gran habilidad para quitarse a los pacientes de encima.
Los jefes le aguantan porque lleva años, porque son compañeros de francachelas y porque le debe favores personales (circunstancia que el psicópata a menudo les recuerda sutilmente). A lo mejor también conoce trapos sucios del jefe, y su silencio es valioso. No sólo eso, sino que los jefes le dan patente de corso para el escaqueo. Suele estar exentos de tareas que sí tienen que hacer los curritos, y no se le controlan los horarios. Su papel dentro del servicio viene a ser como el del capataz de la plantación; controla que los esclavos trabajen mientras bebe su bourbon sentado en la mecedora del porche con el látigo y la escopeta a mano.
Con los subordinados es uno auténtico hijo de puta. No tolera que tengan buenas relaciones con los pacientes ni entre ellos. Siembran la cizaña a su paso. Procura tener al resto del equipo permanentemente enfrentado para hacer él de árbitro. Si algún subordinado le planta cara, es sentenciado. En estos casos actúa inexorablemente hasta quitarle de enmedio. Emplea técnicas de control sectario para lograr que el resto del equipo rechace al disidente. Regularmente va sacrificando uno a uno al personal del equipo, para mantener al rebaño atemorizado. El miedo hace que los perros de presa se arrojen sobre el señalado sin saber quién va a ser el siguiente. Él jamás se va a enfrentar cara a cara con nadie; envenena el ambiente, señala el objetivo, lo identifica como “individuo problemático”, como “follonero”, y se sienta a esperar cómo sus sicarios hacen el trabajo. Por esos sicarios presenta exactamente el mismo desprecio que por sus víctimas. El jefe les apoya porque prefiere echar a la calle a otro antes que enfrentarse con su amigote.
Los médicos de otros servicios lo ven con curiosidad. Les extraña que pueda haber gente tan miserable en el hospital, pero como no tienen que trabajar con él, le toleran sin problema. Si reciben un marrón suyo de vez en cuando, ya se encargarán de redirigirlo. Eso sí, si un familiar o amigo suyo cae enfermo, no se dirigirán al psicópata pues conocen su desprecio por la vida humana de sus semejantes.
A nivel personal es un pobre hombre. Sin amigos, te extrañas de que su propia mujer le soporte. Defiende lo progre, lo contracultural, lo alternativo, lo marginal … Despotrica de la sociedad de consumo y de Estados Unidos … Admirador del Islam y de Ben Laden, en su casa sin duda está sintonizada Al Jazeera. Le gustan las técnicas de relajación orientales y demás mandangas. Asegura que a él no le mueve la pasta y que no tiene demasiadas necesidades materiales. Eso sí, presume de coche, de piso nuevo, no se priva de viajar a lugares exóticos lejos de las mecas del turismo proletario, y sus hijos van a colegios de pago (no sea que se mezclen con la mugre, con moritos de verdad y tal). Repasa la nómina cada mes no sea que se hayan equivocado y le hayan pagado diez euros menos y hace todas las peonadas (no le mueve la pasta, pero levantarse cincuenta papeles por operar cuatro pijadas en una tarde mola).
En fin, un hijo de puta con todas las letras.
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